Vidalita

El pájaro que cantaba
en el arrayán florido
se marchitó entre las ramas
de rosales amarillos.

Triste se volvió su canto
por el jardín polvoriento.
Triste se secó la fuente
en la que bebía el viento.

Sin entusiasmo ni fuerza
suspiraba el animal
bajo la arcada herrumbrosa
escenario de su mal.

Colgaba la blanca luna
la hermosura de su cara
desgranando por la noche
su celosía de plata.

Vidalita, vidalita,
que siempre te estoy llamando.
Qué fue de aquel pajarillo
que murió de amor cantando.

Encarna Lara (Del libro inédito ‘Al compás de la rima’)

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