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Paco de Lucía en ‘Lazos de sangre’, pésimo trabajo que no le hace justicia

Ayer TVE emitió un documental sobre Paco de Lucía en el programa ‘Lazos de sangre’ que ha servido para poner de acuerdo a todos los aficionados al flamenco. Basta ver los comentarios unánimes en las redes para comprobar la enérgica repulsa que ha causado el tratamiento de prensa rosa que se ha dado al programa, empezando por el conductor del prefacio y del posfacio (Boris Izaguirre) y terminando por los tertulianos escogidos. “Penoso, vomitivo, bodrio, lamentable o realización de mierda” son algunos de los calificativos que he recogido del Facebook. Como digo: unanimidad.

Lazos de sangre

La primera sorpresa fue ver en la tertulia a Rociíto y Bibiana Fernández junto con otras personas que confesaban haber tenido una relación efímera con el maestro, a excepción de El Farru. Poco podríamos esperar ya. Allí no había ni guitarristas, ni cantaores, ni productores, ni entendidos en la materia. Ni rastro de personas como Jorge Pardo, Cañizares, Ruben Dantas y un largo etcétera del universo flamenco que podrían haber aportado riqueza al debate. Con esos mimbres no podía salir nada bueno. Y así fue, no se salía de lo grande que fue Paco de Lucía, una obviedad por su parte y de los cotilleos sobre su vida personal.

Entrados ya en el documental, comprobamos que se van sucediendo personajes que igualmente sorprenden por la nula aportación que podrían prestar. El periodista de prensa rosa Jesús Mariñas, el humorista José Mota, el admirado Miguel Ríos, o el famosísimo Alejandro Sanz poco podían aportar de interés a la trama y solo parecían interesantes las reflexiones de familiares y de Tomatito.

Los derechos de autor de Camarón fueron tratados como un simple malentendido. (Qué interesante hubiera sido profundizar en el tema). Musicalmente se documentaba casi todo con la rumba Entre dos aguas, que se llegó a catalogar como lo mejor que se había compuesto en flamenco, como si el maestro no hubiera hecho cosas de mayor enjundia. En definitiva, pésimo trabajo de la televisión pública movido más por captar audiencias populares que por hacer justicia al más grande guitarrista de todos los tiempos y todos los estilos.

El posfacio, como he llamado antes al cierre del programa, se centraba en hacer un repaso a los chismorreos del documental convirtiendo un evento que se presumía cultural en un programa más de telebasura. No pude aguantar hasta el final y me fui a la cama ahíto de pena.

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