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La necesidad aguza el ingenio de los flamencos

Acabo de oír en la radio a una experta definir las dos modalidades de personas en el confinamiento que padecemos y no puedo por menos que estar de acuerdo. Son los hiperactivos y los camastrones; los primeros no paran sentados un momento, tienen sus casas como los chorros del oro y los fogones al ciento por cien, los segundos van de la cama al sofá y del sofá a la cama, con alguna parada en el frigo para coger una cervecilla y echársela recostado viendo la tele y picando algo. Los flamencos responden a estos estereotipos lógicamente y los hay a los que les falta tiempo para componer, ensayar, estudiar o impartir magisterio telemático o los que van cogiendo un par de kilos/día de tanto reposo inactivo.

Hay flamencos que han decidido ayudar mandando muestras de su arte a la gente encerrada por diversos medios como el streaming, grabación de vídeos o incluso sacando la guitarra al balcón. A este primer grupo pertenece Marichú. En cuanto se vio abocada a cerrar su escuela de baile se puso manos a la obra y con la ayuda de su hija instaló lo necesario para poder impartir sus clases online. La respuesta de sus alumnos ha sido más que satisfactoria, ya que entre preparar sus equipos informáticos, sus tacones y demás atuendos y en dar la clase se les pasa media tarde. Además el contacto con compañeros y profesora hacen más llevadero el encierro.

Otro ejemplo del uso de las tecnologías lo da mi amigo y gran guitarrista Giacomo Paris, al verse privado de toda posibilidad de trabajar con su guitarra por los medios habituales, con todas las actuaciones canceladas, escuelas de baile donde colabora cerradas e incluso sin poder tocar en las calles del Albaicín como a veces hacía para sacar un complemento a su sustento. Giaco ha implementado un sistema para dar clases de guitarra flamenca online en una plataforma especializada en este tipo de enseñanza.

Por último, hay artistas que emiten en directo muestras de su talento y conocimiento con la sola idea de entretener o para compartir su arte con sus colegas y todo ello de manera generosa y altruista.

Si algo de positivo hay en todo esta crisis, además de la grandeza de la gente, es que muchas de las medidas que se están adoptando han venido para quedarse y la formación online o el teletrabajo abren un extraordinario abanico de posibilidades, también para los flamencos, entre los que cabe el poder ampliar la clientela o la difusión del flamenco a todos los confines de la Tierra.

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