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Vicente Amigo, intimista y contundente

Vicente AmigoXIX Festival Ciudad de Fuengirola. Guitarra: Vicente Amigo y Añil Fernández. Cante: Rafael de Utrera. Percusión: Paquito González. Violín: Alexis Lefevre. Flauta: Agustín Carrillo. Bajo: Juanma Ruiz. Lugar: Castillo Sohail de Fuengirola (Málaga). Día: Domingo, 10 de agosto de 2014. Aforo: Lleno.

Ya tuvimos ocasión de verlo en la plaza de toros de La Malagueta, en el marco de la III Bienal de Flamenco de Málaga, y si algo caracterizó su actuación fue la magia que desprenden los temas de su último disco, ‘Tierra’, que volvió a hacerse presente en el castillo Sohail de Fuengirola en una noche de plenilunio. Se mostró intimista y contundente, según lo requirió la tesitura, ante un público entregado que abarrotó la fortaleza árabe.

Aunque el enorme vacío que ha dejado Paco de Lucía no puede llenarlo nadie, hay algunos primeros espadas de la guitarra flamenca que mantienen el pabellón muy alto; éste es el caso de Vicente Amigo. Intérprete y compositor excepcional, contribuyó en su día al éxito sin paliativos de José Mercé con ‘Del amanecer’ y formó un tándem memorable con El Pele.

Alternó palos clásicos de la baraja flamenca (soleá, fandangos de Huelva, tangos, soleá por bulerías, bulerías, seguiriya y Levante) con los temas de su último álbum, en el que, de la mano del productor Guy Fletcher, teclista de Dire Straits, ha fusionado sabiamente el flamenco con la música celta.

De este modo, deleitó al respetable con sus deliciosos Tangos del Arco Bajo o una soleá por bulerías, con picados frenéticos y momentos de dulce, para enmarcar. Pero también con las piezas de su disco ‘Tierra’, con las que inundó el castillo con esa bendita mezcla de flamencura y música celta, melodías inconfundibles, una preciosidad. Para ello, contó con su grupo habitual (segunda guitarra, percusión, bajo, violín y flauta), en el que merece una mención especial Rafael de Utrera, flamenquísimo siempre, que también alternó su cante en un susurro y con voz rozada, al más puro estilo Morente, con su característico derroche de facultades.

Se mostró comunicativo, como suele ser habitual en él, para expresar la impresión que le causaba la luna llena, para cambiar de silla, por ser la que tenía «demasiado flamenca» (qué forma más irónica de expresar su incomodidad) y para dedicarle a su padre -«que no atraviesa un un buen momento; en la distancia, como si estuviera aquí abrazándome»- Bolero a los padres, de su último trabajo, con un incio emparentado con Canción de amor, de Paco de Lucía. Obsequió, asimismo, a un público sumamente respetuoso con un bis que supo a gloria.

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