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María Toledo, sensibilidad, buen gusto y transmisión

XLV Aniversario del Festival Flamenco Torre del Cante. Cante: María Toledo. Guitarra: Jesús de Rosario. Percusión: Isidro Suárez. Palmas y coros: Tamara Heredia y Noemí Humanes. Lugar: Auditorio Finca El Portón de Alhaurín de la Torre (Málaga). Día: Sábado, 4 de agosto de 2018. Aforo: Lleno.

María Toledo fue la artista elegida para conmemorar el XLV aniversario del Festival Flamenco Torre del Cante de Alhaurín de la Torre y la cantaora manchega exhibió sensibilidad, buen gusto y transmisión. Presentaba su disco ‘Magnética’, con dos nominaciones a los premios Grammy Latinos, si bien también introdujo en el repertorio cantes clásicos como soleá o alegrías, con los que sedujo a los aficionados más exigentes.

Abrió con Solita en mi balcón, estupenda versión del tema de Rocío Jurado, y prosiguó con Vuelvo a casa, de Los Chorbos, y Todo es de color, de Lole y Manuel, “nuestro particular homenaje al poeta del flamenco, Manuel Molina”. Todo ello con su gran voz, su quejío y pellizco… Emoción a raudales. Incluyó también otros temas por bulerías, incluido el clásico de Carlos Cano María la Portuguesa. Por momentos cantó sin megafonía, dejándose la voz y el alma y provocando el delirio en el respetable.

Interpretó con desgarro la soleá que le dedicó en su día al genio de Algeciras (“Nadie tocará en la vía como Paco de Lucía”), con la que le puso los vellos como escarpias al más pintado; e hizo un recorrido por Cádiz, los Puertos, Alcalá, la Piriñaca y la Serneta. “Cuando uno nace flamenco, se muere flamenco. El flamenco no es una moda, es eterno. No conozco a nadie que diga ha dejado de gustarme el flamenco”, sentenció, antes de despedir la primera parte con la rumba Yo vivo a mi manera.

Vuelve con sus enjundiosos Tangos Retrecheros, en los que viaja por Extremadura y Granada, al tiempo que evoca a Enrique Morente y a la Niña de los Peines. Y a solas con su piano, arrostra Quiero estar sola, preciosa balada en su bella voz; Con el tiempo; y La del pelo alborotao, en la que se incorporan las palmeras. El público aplaude y vibra con ella.

Reivindica el papel de las peñas, “porque mantienen viva la llama del flamenco”, y hace otro guiño a los aficionados por alegrías con una entrada personal. Arte, gracia y salero, con Jesús de Rosario excelso al toque.

Homenajeó a Las Grecas con su archiconocido Te estoy amando locamente, gustándose y disfrutando en el escenario como ese animal escénico y esa gran artista que es. Pero aparte de su grandeza también mostró su cercanía, bajándose del escenario y cantándole a los hijos de Manzanita, allí presentes, en recuerdo de su padre; pero también a dos fans de corta edad, Martina y Lola, les dedicó Bromeo, antes de recuperar La Loca a petición del público y decir adiós con Amor de compra y venta, de Los Chichos.

Ante los requerimientos del respetable, que llenó el auditorio Finca El Portón, interpretó unos fandangos muy sentidos a capela con la salía de La Paquera.

Fotos: Pellizco Flamenco

 

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