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Actulizado 1:01 AM UTC, Apr 24, 2024

Francisco Vinuesa hizo magia

VI Benalmádena Guitar Fest. Guitarra: Francisco Vinuesa. Percusión: Javier Teruel. Lugar: Castillo Bil Bil de Benalmádena (Málaga). Día: Martes, 6 de junio de 2023. Aforo: Lleno.

En un abarrotado patio del castillo Bil Bil de Benalmádena Costa, a pocos metros del mar, se hizo la magia en la noche del pasado día 6. La magia de la música flamenca y de nuestro instrumento más universal. No hay varita con más posibilidades de convertir el mundo cotidiano en un espacio donde la belleza inunda los sentidos y hace que nos sintamos seres especiales y que la vida tiene sentido, que es el sonido de la guitarra flamenca en manos de un mago como las del malagueño Francisco Vinuesa.

Abrió con una soleá que contiene su primer single Yo fui piedra (preludio de lo que será un álbum que se editará próximamente). Vinuesa es un guitarrista largo, curtido en los escenarios y en el acompañamiento, con tablas… Y eso se demostró en que salió tocando sin ningún tipo de presión en sus dedos. Aunque expresó con sus palabras que estaba muy nervioso, no se notó y esto es algo increíble. Sostuvo las primeras notas largas con una seguridad pasmosa, fue aumentando la intensidad y velocidad del ritmo con una pulsación milimétrica, su sonido es impecable, limpio, redondo. Su técnica se basa en sugerentes arpegios llenos de matices difíciles. Recorre el diapasón con una certera mano izquierda en arriesgados ligados. No falló una en todo el recital, sonó a disco pero con la calidez del directo.

Siguió con un toque de Levante en el que sigue demostrando la personalidad de su música pero recordando regularmente dónde está, que no es ni más ni menos que en el universo del flamenco, un lugar donde pocos pueden habitar con soltura pero que muchos pueden disfrutar gracias a enviados privilegiados como el que nos visitó esa noche.

Su tercer tema incorpora al percusionista Javier Teruel. Comienza con una evocación de la famosísima copla de Quintero, León y Quiroga Y sin embargo te quiero, para enlazar una granaína preciosista, delicada, con unos excelsos trémolos llenos de musicalidad que no nos dejaban olvidarnos de que la magia sigue existiendo. Comienza el ritmo, el pulso de Teruel hace acelerar el nuestro y nos imbuye en un compás ternario que nos agarra para soltarnos en lo más alto. El público vuela y se lo demuestra a los artistas con jaleos que son más bien la necesidad de respirar con ellos. Sus temas superan los diez minutos, pero su discurso es tan rico y lógico, que se nos hacen cortos.

El cuarto tema dicta la fórmula mágica de la que es conocedor el sabio Vinuesa: el secreto del flamenco. El palo más jondo, la seguiriya, baila en sus cuerdas. Sus bordones nos llevan a Jerez, pasando antes por Marchena para recoger la fórmula del maestro Melchor. Rasgueos y golpes de tapa históricos que hieren. La boca de su guitarra se hace más negra y jonda, vemos claramente que es un crisol de donde brota la sustancia que elabora con los mejores ingredientes de nuestro arte. La introducción invoca al druida-genio Caracol, con su Carcelero; la coda nos agarra y nos hunde en el pozo de su guitarra con una secuencia hipnótica que se va alejando hacia su mundo fantástico, en un fade out del que nadie quiere regresar.

Para rematar, tras la seguiriya hace la bulería por arriba. Sus palabras son tan profundas como su música. Nos encontramos con un artista con la humildad de los sabios y con la profundidad y espiritualidad de los elegidos. El ritmo es endiablado, Javier Teruel cabalga a su mismo son sin variarse del camino lo más mínimo. Recoge sus intenciones con la perfección y maestría de su compañero. Y no es tarea fácil, pues Vinuesa está en lo más alto del juego, dominando la partida con pellizcos que parecen imposibles. Los ligados de su mano izquierda son domados por la imparable fuerza de su mano derecha. Sigue invocando a los dioses y saca de la chistera una falseta de Parrilla, por si alguien no se ha ubicado aún. El final es explosivo, preciso, flamenco, mágico…

El público agradece efusivamente lo impagable del viaje de una hora por el que nos ha llevado Francisco Vinuesa, sabedores todos de la experiencia única que acabamos de vivir, felices de haber podido sentirnos arrastrados por el vórtice de su magia.

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