David Carmona, más que tocar siente la guitarra

Ciclo ‘Flamenco Viene del Sur’ 2019. ‘Un sueño de locura’. Guitarra: David Carmona. Cante: Kiki Morente (Artista invitado). Coros y palmas: Los Mellis. Lugar: Teatro Alhambra de Granada. Día: Lunes, 25 de marzo de 2019. Aforo: Lleno (300 personas).

‘Un sueño de locura’ es el trabajo que presentó David Carmona en el Teatro Alhambra de Granada el pasado lunes. El guitarrista granadino demostró una acusada personalidad que refleja en su toque enérgico en bordones y sutil en agudos. Discípulo del gran maestro Manolo Sanlúcar, hereda de éste una sensibilidad fuera de lo común. Carmona, más que tocar siente la guitarra, ni siquiera la mira, con el pie derecho sobre el reposapiés y el izquierdo siguiendo el compás, gira la cabeza hacia su izquierda como queriendo oír con total claridad los matices que imprime a su toque.

Empezó por taranta, solo con su guitarra, dando la impresión, como luego corroborara, de que todo lo que compone guarda una coherencia, en este caso acorde con la peculiaridad del fa sostenido típico de los cantes de Levante.

Con la soleá, se muestra más clásico, salvo por las numerosas veces que corta el sonido en seco parando la vibración de las cuerdas o haciendo arrastres de agudos a graves. Ya con Los Mellis a la percusión, se muestra más vanguardista al hacer una bulería en modo mixolidio, ajeno al flamenco tradicional (frigio, mayor o menor), pero presente en las nuevas generaciones de virtuosos tocaores.

Por alegrías, experimenta con el modo mayor, en un nuevo cambio de tonalidad, la cual le resulta refrescante para seguir por fandangos y contar cómo siente los tientos. Carmona habla mucho entre toque y toque, lo hace como
si estuviera entre amigos, con total naturalidad, sin el menor atisbo de miedo escénico.

Así fue como dio paso al artista invitado, Kiki Morente, al que acompañó primorosamente por seguiriyas, soleá y bulerías. Morente hacía recordar al respetable a su padre en la manera en que dice el cante y Carmona disfrutaba dando los acordes precisos y jadeando cada uno de los tercios, mientras Los Mellis marcaban los acentos de los compases compartiendo cajón o dando palmas.

El público pidió insistentemente otra y esa otra fueron unos tangos en los que Carmona convirtió una falseta de pulgar en estribillo y la repitió tantas veces como letras cantó Morente.

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