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Toque y queda el baile: 25 aniversario del Ballet Flamenco de Andalucía

’25 Aniversario’. Ballet Flamenco de Andalucía. Dirección artística: Úrsula López. Repetidor/Bailarín: Alejandro García. Bailaoras: Julia Acosta, Ana Almagro, Gloria del Rosario, Lidia Gómez y Águeda Saavedra. Bailaores: Antonio López, Federico Núñez, Iván Orellana e Isaac Tovar. Guitarras: Juan Manuel Espinosa y Pau Vallet. Cante: Sebastián Cruz y Vicente Gelo. Percusión: Raúl Domínguez.
Artistas invitados: Diego Lori, Rosa María Belmonte, Mariano Bernal y Christian Lozano. Lugar: Teatro Cervantes de Málaga. Día: Miércoles, 28 de Octubre 2020. Aforo: Casi completo.

Permitid que comience por el final, resuenan los últimos acordes y el momento coreográfico final es un círculo de los integrantes del Ballet Flamenco de Andalucía con los brazos en alto.

25 aniversario Ballet Flamenco de Andalucía

Es la pieza que presenta su actual directora Úrsula López. Como a ella le gusta adjetivar, se trata de una mini-suite flamenca, con vaivenes entre fandangos, verdiales y soleares.

Bien podría ser una metáfora del momento actual para el sector cultural; el sabor es agridulce porque los aplausos del público en pie también están limitados por el tiempo que nos toca vivir.

Es un hecho el presente, es un hecho el apoyo del público. Un detalle antes anecdótico que ahora se palpa como lámpara de deseos, para dar prueba de que el baile también necesita respirar y es un arte que se debe al ensayo y al sudor, a la matemática del cuerpo, a la ciencia aplicada de la piel que transmite al otro.

El espectáculo que aquí nos trae es una apuesta segura, es una correa de transmisión hasta el presente de la compañía pública. Una invitación a acudir en todas sus plazas, de hecho el título ya nos da una idea. Una reposición de piezas que lograron calzar el pavimento con cemento armado desde su nacimiento y origen a cargo de Mario Maya, un imprescindible para entender los derroteros del siglo XXI de la danza española y del flamenco.

Este es el nacimiento. Réquiem nos entrega un episodio de luz, a pesar del título de esta ópera flamenca: Ritual laico para el fin del milenio.
En él, Diego Lori se vuelve a poner en su piel, las percusiones son las protagonistas, los bastones son la lucha y el eterno enfrentamiento de tacones corales. La reposición corre a cargo de Manuel Betanzos.

Mario llevó el flamenco a escena con armas teatrales de insigne valor y fuerza escénica, es el capitán, es actualidad por verdad, y a tramos retratos de sobresaliente espíritu combativo.

La música popular arranca con el siguiente número cuyo título es La Caña; en él la música en directo nos traslada a un solo con bata de cola negra y formas tradicionales, las escobillas clásicas y puesta en escena regia. Mención a la voz y guitarras, arrancó el primer ole en el público.

La tercera selección es coreografiada y repuesta por Javier Latorre: Alegro- Soleá y Fantasía de Cante Jondo. La música a cargo de Enrique Morente y A. Robledo con arreglos sinfónicos. Comienza con la voz que recita el poema de Manuel Machado

“Yo poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he cantao
y contao

las golfas y el aguardiente” (…)

El bailaor es la liebre de reclamo que se dirige a la plaza de la muerte costalera cuando es alzado al aire con el torso descubierto y llevado por los bailarines con aires trágicos. Sin duda, fue un momento del gusto del respetable con peso y folclore.

Tras este bloque se proyectaron bajo la batuta del Vals flamenco de Morente un recorrido con imágenes insignes de la compañía, de sus directores y coreógrafos en claro homenaje a estros 25 años de trayectoria. Buena respuesta del público tras este tramo de espectáculo.

La Leyenda es un montaje de José Antonio en su homenaje a Carmen Amaya. Rescata el símbolo, la dualidad de la artista y su soledad. El blanco y el negro se dan la mano en la artista, un retrato de luz y sombra a las formas de dúo. En su coreografía, la mítica bata de cola blanca de longitud inusual del Tablao El Cordobés despliega marcos de esteticismo con brazos a las espaldas y actitud de embestida. Es la Seguiriya de Carmen, y en su papel Úrsula Lopez.

Del colorcito del adelfa y del verde limón tenía el manto la Virgen de Utrera, la de Consolación…

“Gracias a la vida, que me ha dado tanto…” Recita la voz el himno de Violeta Parra en el comienzo del número dedicado a Cristina Hoyos.

Viaje al Sur es una coreografía sin argumento que discurre a lo largo de tres sensaciones primarias, la que se mostró fue la dedicada a la pasión según su creadora. Tiene la expresión en su lenguaje siempre vivo de movimiento y vestuario de tonos rojos y albaricoques así como en la escenografía en la tonalidad bermellón.

Soleás por bulerías.y juegos geométricos de los bailarines apoyándose en varias mesas que fundamentan las trabas y la libertad en el movimiento.

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías está firmado por Rubén Olmos y Álvaro Paños. El cuerpo de esta obra está basado en la relación del torero y el poeta Lorca. Las coreografías grupales son de un inmenso poder para organizar con los bailarines el momento de la cogida y muerte, y el toro es el hilo argumental del espacio. Llama la atención la música de David Carmona para trasladarnos el sentimiento de sangre en la arena.

Para cerrar, a continuación se dio paso a un solo de guitarra y cante por milongas

Rafaela Carrasco es la artífice de la obra que rescata repertorios añejos y clásicos cuya escenificación tuvo lugar en el famoso Concurso de Cante Jondo de 1922.

La Rondeña de Montoya fue sin duda uno de los momentos clave de todo el espectáculo, ya que deleitó al público con un clásico de la guitarra imprescindible para conversar con el lenguaje flamenco que ahonda en instintos libres.

Los bailarines en el proscenio eran una cadena de movimientos acompasados a la melodía describiendo formas puras y estáticas que fueron el preámbulo de Ay en Cádiz. La coreografía de Javier Barón dedicada a los aires de Cádiz son un suspiro de aire salado, es la transformación del aire por alegrías en las figuras de dos bailarines principales masculinos a escena, con mucho gusto y labor técnica.

Úrsula López puso el broche final, Con permiso y más… El colofón de un espectáculo que asume con garantías la labor de selección y montajes con muchos enfoques diversos.

En definitiva, además de un homenaje dirigido a sus creadores a lo largo de un cuarto de siglo, es sobre todo un reto para la compañía que además de emplear el vestuario original se pone en la piel de otras épocas. Una labor ardua la de rescatar piezas emblemáticas porque otras no estuvieron; sin duda un ejercicio el de comprimir tamaña trayectoria.

Mención especial al arte depurado de Mariano Bernal, en opinión de la que suscribe clave y llave magna en ejecución de este espectáculo en el que brilló.

No se lo pierdan.

Foto: Daniel Pérez / Teatro Cervantes

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