Dorantes, Marina Heredia y Farruquito, apoteósicos

Festival La Caña Flamenca. ‘Esencias’. Cante: Marina Heredia. Piano: David Peña ‘Dorantes’. Baile: Farruquito (artista invitado). Coros: Anabel Rivera y Fita Heredia. Percusión: Javier Ruibal (Hijo). Presentación: Manuel Martín. Lugar: Auditorio del Parque del Majuelo de Almuñécar (Granada). Día: Domingo, 12 de agosto de 2018. Aforo: Lleno (1.000 localidades).

Marina Heredia, Dorantes y Farruquito fue el trío de ases que cerró el ciclo organizado por la Caña Flamenca en la costa granadina. Apoteósico espectáculo celebrado la noche del domingo 12 de agosto en el Parque del Majuelo de la costa tropical. Ya a priori era un interesante cartel con tres primeras figuras del panorama flamenco que derrocharon arte por los cuatro costados.

Abrió la velada una presentación-conferencia a cargo del flamencólogo Manuel Martín, quien disertó sobre lo que fueron, lo que son y lo que tienen que ser los festivales flamencos, la crisis que atraviesan en la actualidad, al tiempo que ensalzó la figura de la mujer en el flamenco y felicitó a la organización, a quien deseó larga vida.

Con una nana comenzó la imponente actuación de Dorantes y Marina Heredia, quienes presentaron sus credenciales a los primeros compases; una voz magistral arropada por el poderoso sonido del piano, en una conjunción poco habitual para los que estamos acostumbrados al binomio cante-guitarra.

Es con las alegrías con las que se unió un carismático Farruquito, que con su sola presencia provocó el murmullo del espectador. Sentí la necesidad de inmortalizar con mi cámara el momento en que se juntaban estos tres monstruos, conscientes de lo difícil que es ver tanto talento junto en tan poco espacio.

Acto seguido, Dorantes ejecutó una pieza con mucho sabor a jazz, virtuosismo que alterna pasajes enérgicos con otros muy suaves y acompañado por el versátil percusionista Javi Ruibal (de casta le viene al galgo).

Los tangos de Graná, que Marina Heredia dice como nadie, dieron paso a unas granaínas que representaron uno de los momentos mágicos de la velada. Heredia se lució especialmente en la media, acompañada magistralmente por el piano de Dorantes. Ni siquiera yo, enamorado empedernido de la guitarra, eché de menos dicho instrumento, ante la belleza del imponente piano. En aquel momento me pareció lo más antológico que había escuchado jamás en flamenco.

Y al mágico momento descrito sucedió otra pieza jazzera con otro solo de Ruibal, dando paso a una seguiriya en la que Marina dejó boquiabierto al público nada más asomar al escenario con un imponente vestido de oro, como su voz, provocando un sinfín de piropos que calaron en la artista, quien comentó, con una amplia sonrisa, que se le iba el sueldo en vestuario. Volvió a unirse Farruquito repitiéndose la misma escena del trío de ases en un metro cuadrado y con muy poquito demostró que es un bailaor muy grande.

Las galeras, representaron un pequeño homenaje a Juan Peña El Lebrijano, tío de Dorantes, que en gloria esté, y que fue el inventor de este palo, si se puede llamar así.

La interpretación de la obra maestra de Dorantes Orobroy fue otro de los momentos mágicos de la velada, por la belleza armónica de la pieza, las voces de Marina, Anabel y Fita y la brillante percusión de Ruibal.

Cómo no, final por bulerías, con todos los artistas sobre el escenario y con una propina también por bulerías, ante la insistencia de un público más que satisfecho. En definitiva, un magnífico espectáculo de esos que se quedan grabados en la memoria por los siglos de los siglos.

Etiquetas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *