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Y Rancapino acabó con el cuadro

XLVII Festival Torre del Cante. Primera noche. Homenaje a Rancapino. Cante: Caracolillo de Cádiz, Rancapino Chico, Esmeralda Rancapino, María Terremoto y Rancapino. Guitarra: Miguel Salado, Antonio Higuero, Paco León y Nono Jero. Palmas: Manuel Cantarote, Manuel Vinaza y Manuel Valencia. Percusión: Ramón Torres. Piano: Sergio Monroy. Lugar: Finca El Portón de Alhaurín de la Torre (Málaga). Día: Viernes, 18 de junio de 2021. Aforo: Lleno.

María Terremoto, inconmensurable, acababa de poner el broche de oro a la primera noche de las dos previstas en el XLVII Festival Torre del Cante de Alhaurín de la Torre, que homenajea a Rancapino. Álvaro Donaire, de la Peña Torre del Cante, anuncia un fin de fiesta por bulerías con todos los artistas sobre el escenario de la Finca El Portón y entonces ocurre lo inesperado, la magia. El veterano cantaor chiclanero, leyenda viva de este arte, con un hilo de voz, canta por fandangos poniendo el alma y la sabiduría acumulada durante sus casi 76 años de vida. «¿Quién canta ahora después de esto?», sentencia su hijo, Rancapino Chico. Su padre había acabado con el cuadro.

Antes, había abierto el fuego Caracolillo de Cádiz, con Miguel Salado ajustado como un guante al toque y Manuel Cantarote y Manuel Valencia al compás, por alegrías salineras. Prosigue por soleá, dejándose el alma y pellizcando en el remate. «¿Estamos a gusto? Pues entonces lo demás sobra to'», espeta el cantaor gaditano, justo antes de cantar por tangos, gustándose. En las bulerías, le dedica una letra a Alhaurín de la Torre y a sus mujeres y evoca a Pansequito y a El Turronero. El público lo despide enhiesto y con un caluroso aplauso. Caracolillo lo premia con un fandango muy sentido a capela.

Turno para Rancapino Chico, que agradece el homenaje a su padre y se templa por soleá, acompañado por Antonio Higuero a la guitarra y Cantarote y Vinaza a las palmas, con remate valiente por Camarón. Continúa por malagueñas, de Manolo Caracol (Evocación a la malagueña) y de El Mellizo, que le dedica a su padre, «mi maestro». Por tangos, vuelve a evocar al genio de la Isla, a Pansequito y a su progenitor. Momento álgido y sumamente emotivo. Brilla también por fandangos y dice adiós por bulerías. «Ponla al cinco, que estoy muy a gusto», le indica a Higuero, que exhibe el soniquete característico de Jerez.

Esmeralda Rancapino, la benjamina de la saga, principia por soleá, arropada por Paco León a la sonanta, Cantarote y Vinaza al compás y su padre, Ramón Torres, a la percusión, con una solvencia impropia de sus catorce primaveras. Prosigue por tangos, que remata evocando a Camarón (Como el agua) y a Paco y Pepe de Lucía (Solo quiero caminar). Por bulerías, que les dedica a Juan Luis Monge, sobrino del mito de San Fernando, y a la familia Donaire, de la Peña Torre del Cante, deja muestras de su arte, gracia y deparpajo, pataíta de arte incluida. Como guinda a su recital, invita a su abuelo al escenario para dedicarle, con Sergio Monroy magistral al piano, la zambra La mantilla de Manuela, «que he escuchado toda mi vida, pero es la primera vez que la canto en público». Rancapino canta un fragmento. Los vellos como escarpias. Emoción a raudales.

Tras unas palabras de Gonzalo Rojo, que realiza un recorrido por las actuaciones de Rancapino en Alhaurín de la Torre, se procede al homenaje al ilustre cantaor chiclanero, con Antonio Donaire, presidente de la peña organizadora, y Joaquín Villanova, alcalde de la localidad, que le hacen entrega de una placa, el cartel del Festival enmarcado y la torre, icono local. «Estoy muy agradecido -señala Rancapino visiblemente emocionado- y lo voy a tener siempre como un recuerdo grande. Muchas gracias de todo corazón». «No hay mayor satisfacción que ver a mi padre feliz», remacha Rancapino Chico.

Y como brillante colofón a una noche memorable, María Terremoto. Abre su actuación la jerezana con una nana, pellizcando y exhibiendo poderío, y continúa por seguiriyas de Manuel Torre, con Nono Jero a la bajañí y Manuel Cantarote y Manuel Valencia al compás. Deja unas bulerías por soleá para enmarcar, plenas de enjundia y sabor. En los tangos, comienza recordando a La Niña de los Peines y termina bailando y cantando sin amplificación. «Si tuviera un hijo quisiera que se casara contigo», le espeta una señora. Evoca a Juana la de Revuelo y a Morente por Lorca y se muestra agradecida ante las muestras de cariño del respetable: «¡Qué alegría de público. Vivan ustedes!». Por bulerías, con una salía al más puro estilo de La Paquera, confirma que se encuentra en un momento dulce, pletórica. Remata por Luis de la Pica, entre pataítas de arte y sin micrófono. Y tras una gran ovación con el público enhiesto, le dedica a Rancapino un fandango sentidísimo.

Fotos: Lorenzo Carnero (Agencia Punto Press) y Ela Anastasia Péretz.

Galería fotográfica por Lorenzo Carnero

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