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¡Y el flamenco se me inyectó!

La música en general, y entonar alguna que otra canción, siempre me llamó la atención. En casa, de pequeño, recuerdo que mi madre me decía: “Chico, canta algo, anda”. Y a mí, como me daba mucha vergüenza, me ponía detrás de las cortinas y así tarareaba alguna cancioncilla que escuchaba de mi madre. Ya con quince o dieciséis añillos, me gustaba mucho escuchar a un grupo rockero que marcó una época, Tequila. Me sabía todas sus canciones. Así estuve durante un año, más o menos. Luego, empezaron a llamarme mucho la atención las rumbas y me enamoré totalmente de Los Chichos, sobre todo del gran Jeros, también conocido como el del medio de Los Chichos. Por supuesto, también escuchaba a Los Chunguitos, Bordon 4, Los Amaya, Los Calis, Tijeritas y rock andaluz (Triana, Alameda, Medina Azahara).

Hasta que un buen día, oigo una grabación con una voz interpretando un palo del flamenco llamado granaína. Tendría unos dieciocho o diecinueve años. En aquel tiempo, yo no apreciaba lo que era una granaína o granaina y media, seguiriyas, soleares, fandangos, tangos, etc. Pero eso sí, aquella voz me cautivó y a partir de ahí comencé a escuchar todos y cada uno de sus discos y a interesarme más por el flamenco. Reconozco que estuve demasiado tiempo escuchando esa voz, ya que como intérprete y con esa nueva forma de hacer flamenco, no creo que nazca nadie más como José Monge Cruz, Camarón, y todavía hoy no me canso de oírlo. Pero para aprender el cante flamenco, hay que estudiarlo de los más viejos. Eso sí, mi afición y la pasión que hoy tengo por el flamenco se las debo a Camarón.

Hoy día, a mis 53 años, recibo clases de cante flamenco en nuestra peña flamenca Unión del Cante de Fuengirola-Mijas. Sólo llevo cuatro años; tres con José García Vílches El Petro y José Antonio Rojas, como profesores de cante y guitarra respectivamente, y este cuarto recién iniciado con Rocío Alcalá, a los cuales les agradezco enormemente que me sigan alimentando de esta droga llamada flamenco.

No quiero dejar en el olvido a todos mis buenos amigos aficionados y profesionales que cada vez que nos reunimos echamos muy buenos ratos en nuestra peña o donde sea, como: Diego Morilla, profesor de guitarra en la Casa de la Cultura de las Lagunas de Mijas-Costa; Paco Aragón, estupendo guitarrista; El Tapi, etc, etc. Y, por supuesto, al editor de esta gran revista digital de flamenco, Francisco Reina.

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