Olga Pericet se funde con Carmen Amaya en ‘Un cuerpo infinito’

68 Festival de Música y Danza de Granada. ‘Un cuerpo infinito’. Baile, dirección artística y coreografías: Olga Pericet. Cante: Inma la Carbonera y Miguel Lavi. Guitarra: Antonia Jiménez. Percusión: Paco Vega. Trompeta: Jorge Vistel. Cuerpo de baile: Paula Ruiz y Conchi Espejo. Cuarteto Coral: Elvia Sánchez, Elena Sánchez, Simón Drago y Mario Méndez. Lugar: Teatro Isabel la Católica de Granada. Día: Jueves, 4 de julio de 2019. Aforo: Casi lleno.

‘Un cuerpo infinito’ es la obra que Olga Pericet presentó ayer en el teatro granadino Isabel la Católica y que está inspirada en la figura legendaria de Carmen Amaya.

Se abre el telón y dos mujeres deambulan por el escenario linterna en mano. Una enorme luna llena proyectada preside la escena. La Pericet baila en silencio con movimientos robóticos y da palmas, literalmente sordas, sin llegar a juntar las manos. Empieza la música con Antonia Jiménez y su guitarra, que suena a gloria. La Carbonera y Miguel Lavi entran en bucle jaleando oles y la Pericet baila poseída. Parecen cantes del Piyayo o garrotín, garrotín más bien. La bailaora se suelta y demuestra una gran destreza en giros y taconeos. Desconcierta un poco ver cómo atesorando tanta técnica y bailando tan bien se entrecorten los movimientos para acabar el palo con el cruzaíto, el Robocob y el Michael Jackson, con un coro de voces que recrean el patio de un manicomio. Es la vanguardia, señores.

 

Las primorosas manos de la guitarrista interpretan una rondeña acompañada por una trompeta que suena muy bien, pero a otra cosa, al tiempo que un aro blanco baja del cielo para colocarse al lado de la luna, que impasible sigue presidiendo cuanto acontece. Aparece la Pericet con bata de cola blanca, con su cabeza dentro de una burbuja. Otras dos mujeres también llevan sus cabezas dentro de sendas burbujas y todo se desarrolla a cámara lenta, hasta que suena una soleá, rápida, muy rápida desde el comienzo.

Pericet emula el baile de Carmen Amaya por soleá con bata de cola blanca y castañuelas. Todo lo hace bien. Baila muy bien y con mucha personalidad. Se proyecta un vídeo antiguo de la Amaya mientras Pericet se desprende de su bata de cola, que por arte de magia comienza a ascender hasta que se funde con la proyección en una conjunción de ambas bailaoras. Acto seguido, se recrean algunos pasajes de la vida de Carmen Amaya, de sus vivencias en América, de su enfermedad, del dolor.

Una versión antológica del mítico tema de Los Módulos Todo tiene su fin, que versionó Medina Azahara, sirve de antesala para el final, donde la Pericet se marca unas alegrías sobre una grabación de Amaya, en la que se superponen los vertiginosos taconeos de ambas fundiéndose en un solo cuerpo infinito.

Fotos: Festival de Granada / Fermín Rodríguez
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