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Actulizado 12:50 AM UTC, May 25, 2024

Martirio y Raúl Rodríguez le dan lustre al repertorio de Chavela Vargas

Martirio y Raúl Rodríguez 01

                                                                                    Daniel Pérez – Teatro Echegaray

‘De un mundo raro (Cantes por Chavela)’. Voz: Martirio. Guitarra: Raúl Rodríguez. Lugar: Teatro Echegaray de Málaga. Día: Sábado, 13 de diciembre de 2014. Aforo: Lleno.

El homenaje en forma de disco -‘De un mundo raro (Cantes por Chavela)’- que Martirio y Raúl Rodríguez le han tributado a Chavela Vargas centró el concierto que ofrecieron madre e hijo en un malagueño teatro Echegaray abarrotado. Una propuesta íntima y sencilla, a voz y guitarra, en la que le dan lustre al repertorio de ‘La Dama del Poncho Rojo’, con la que cautivaron al respetable.

En el recorrido por los temas de La Chamana, no podían faltar Las ciudades, que el gran José Alfredo Jiménez le escribió en una servilleta de bar; Sombras, La llorona o Luz de luna. El desgarro que le caracterizó en sus interpretaciones deviene aquí en la dulzura hiriente de Martirio, que alterna con comentarios jocosos, una inteligente forma de atenuar la dureza del desamor y de otros reveses vitales.

Raúl Rodríguez («Es mi banda: toca la guitarra, el bajo, el tres cubano…», espetó ella con indisimulada admiración), enorme músico que formó parte del grupo Son de la Frontera -con el que introdujo el tres cubano en diálogo con la guitarra flamenca- y que ha acompañado a Kiko Veneno o a Santiago Auserón, entre otros, estuvo a la altura de las circunstancias y ejerció de virtuoso con alma. Curiosamente, en cada ovación del público, Martirio le señalaba como suele ocurrir entre artistas, en tanto que él le correspondía lanzándole un beso.

En la onubense, se funden el jazz de Billie Holliday, la copla más profunda y rotunda de las grandes del género (La Piquer, Marifé) y los ecos latinoamericanos de Chavela Vargas pasados por su particular tamiz. Con su revisión de Quisiera amarte menos por bulerías, alcanzó un punto álgido en el que ella marcaba el compás con las palmas y el respetable le correspondía con las suyas. Y prosiguió la invitación a la fiesta con La Sandunga por ese mismo palo.

Aún hubo tiempo para versionar Las simples cosas («la que más le gustaba a Chavela»). «Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida…» Y pasar, sin solución de continuidad, a interpretar Noche de bodas, el tema que Vargas cantó a dúo con Sabina y que la propia Martirio registró en el álbum de homenaje al de Úbeda, ‘De purísima y oro’ (Los flamencos cantan a Sabina). Emotiva forma de cerrar el círculo.

Muy aplaudida y vitoreada por la afición local, tuvo un guiño hacia ella al cantar un fandango de Pérez de Guzmán, que, pese a ser de su Huelva natal, está encuadrado dentro de los abandolaos, que tienen su origen en los primitivos verdiales malagueños. Prosiguió con unos tanguillos de Cai, se atrevió con un tema en inglés, hizo suya Ojos verdes y, como guinda, se despidió con sus archiconocidas Sevillanas de los bloques («Con mi chandal y mis tacones…»).

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