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Actulizado 4:25 PM UTC, Dec 1, 2022

Israel Fernández y Diego del Morao, entre aplausos en Madrid

VIII Inverfest – Festival de Invierno de Madrid. Cante: Israel Fernández. Guitarra: Diego del Morao. Palmas: Marcos Carpio y Ángel El Pirulo. Cajón: Moreno. Lugar: Teatro Circo Price de Madrid. Día: Miércoles, 26 de enero de 2022. Aforo: Lleno.

Con un Teatro Circo Price al completo se dio comienzo a la actuación del toledano, el cual comenzó sentado en una mesa rodeado de sus dos palmeros (Marcos Carpio y Ángel El Pirulo) y de su caja de confianza (Moreno). Por bulerías fue el arranque, cinco letrillas bastaron para la primera ovación del público madrileño.

“Yo he venido más que nada a ver al pedazo de artista que es Israel”, se escuchaba por la grada. Esta es una de las características de Israel Fernández, está sabiendo traer a público de diferentes entornos, llamando a la juventud a que se acerque a este arte tan nuestro y tan del espíritu, y esto se agradece. Es un acercamiento muy digno el que hace el intérprete gitano. Bien sabemos del hermetismo en el que a veces se encuentra el flamenco, y gente así como Israel (estudiosa, abierta y respetuosa) ayuda a que siga vivo, a que se conozca y se expanda.

Valorando el espectáculo acontecido el pasado miércoles, Israel Fernández ejecutó unos cantes muy correctos, rozando en algunos momentos la brillantez y el pellizco propios de una conexión pura y extraterrenal. A Israel le pasa una cosa y es que, como bien dice su guitarrista de confianza, Diego del Morao: “Todo lo que canta es de verdad”. Aun así hay momentos en los que ese sentimiento no llega a ser del todo real y se le nota, se nota
cuando no abandona su ser, cuando por cualquier motivo no trasciende, se queda medio, no llega a despojarte del sentío.

Diego del Morao estuvo espléndido. Ambos supieron encajar unas bulerías con mucho
soniquete. La importancia del jerezano es notoria y se nota que llevan tiempo juntos porque las miradas y las sonrisas que muestran en cada remate saben a gloria. Cuando elevan el cante, parecen gotas que coinciden en la cresta efervescente de una ola; cuando ocurre eso, todo merece la pena, ahí es donde se ve de verdad la sintonía de la pareja.

Uno de los sellos que tiene el hijo de Moraíto Chico es su capacidad para jugar con el compás; tiene tan
interiorizada la estructura misma del ritmo que hace lo que se le antoja, se divierte con él y la maestría con la que lo ejecuta lo convierte en algo categorial. El silencio del compás, lo busca y lo encuentra, sabe dónde dejar al cantaor, dónde dar golpes eléctricos y dónde rematar la faena, sin dejar en ningún momento desnudo al cantaor, recogiendo los sones de forma festiva. Se divierte como un niño. Hay momentos en los que el jerezano se reivindica
jocosamente y deja el final abierto, es decir, no resuelve, acaba unos compases antes y eso
te deja el semblante resquebrajado, te ríes, llegas a sentir hasta rabia de estar tan acostumbrado a una estructura cerrada. Una cosa genuina y divertida.

Israel trajo diferentes cantes, comenzando con su Soleá del cariño, fluyendo con su Seguiriya del desvelo, incluso nos deleitó con unos cantes de ida y vuelta que bien los supo mecé’. Una excepcional muestra de su disco ‘Amor’.

El toledano lo tiene todo consigo para triunfar: un sello discográfico que le escucha, un público heterogéneo consolidado y grandes músicos a su alrededor. Esperemos que le vaya bien a Israel pues ama y respeta el flamenco, lo cual es fundamental para transmitir la “forma íntima”, como bien diría Dámaso Alonso.

Fotos: Paco Lobato.

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