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Farruquito, en la línea del arte de los Farrucos

Ciclo Flamenco10. ‘Íntimo‘. Baile: Farruquito. Cante: Pepe De Pura, Ezequiel Montoya El Chanito y Mari Vizárraga. Guitarra: Antonio Santiago Ñoño. Percusión: Antonio Moreno El Polito. Lugar: Teatro Ciudad de Marbella (Málaga). Día: Domingo, 13 de diciembre de 2020. Aforo: Lleno.

Marbella se sumó, en su segundo espectáculo, a la celebración del X Aniversario en que se declaró al Flamenco Patrimonio Cultural de la Humanidad, el día 6 de diciembre con Manuel Lombo y el 13 con Farruquito.

Cumpliéndose las normas de seguridad, toma de temperatura, gel hidroalcohólico, aforo reducido y una organización ejemplar, dirigida por Rafael Pineda, acogió el Teatro Ciudad de Marbella la actuación de Juan Manuel Fernández Farruquito con su espectáculo ‘Íntimo‘. La Consejería de Cultura, a través de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, y la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Marbella organizan este acto.

Corren las rojas cortinas del escenario, y el silencio de la oscuridad se rompe con los primeros quejíos flamencos entonados por tonás y martinetes; Pepe de Pura y Ezequiel Montoya anuncian el comienzo de la liturgia flamenca. Aparece el artista principal, serio, garboso, elegante, pronuncia las primeras palabras con tonos diversos que nuestros oídos captan traduciendo el idioma que emite, como el viejo telégrafo, tendiendo lazos coloquiales a cada uno de sus compañeros, pidiéndole su mejor cante como estímulo para crear y transmitir el arte que emocione a los espectadores. María Vizárraga cierra la ronda.

La percusión despierta el letargo de la sala que aplaude el compás, el ritmo armonioso del latido del joven corazón que guarda el cajón; Antonio Moreno Polito agradece las muestras de cariño y reconocimiento a su arte.

Alguien llora y la música de Antonio Santiago Ñoño consuela y acompaña magistralmente el llanto alegre de los tangos que María Vizárraga, con conocimiento y entrega, regala al público.
Han dado tiempo para que el maestro cambie de indumentaria. El rasgueo de la guitarra anuncia las alegrías, se dispone a bailar; como hijo agradecido, coge de la mano a Mari, se adelanta en el escenario y la presenta al público requiriendo el aplauso y reconocimiento a esta gran artista.

Arrastra la silla de Mari Vizárraga al centro del escenario, se sienta y espera que Mari le cante su alegría, le entregue su alma que le irradia el calor, la energía que alimentará su cuerpo y que derrocha a lo largo y ancho del escenario recorriéndole y ofreciendo a los espectadores un primer plano de su baile. A Mari le responde con el mismo cariño que le entregó, con gestos mímicos, se arranca el corazón obsequiándoselo; baila para ella con elegancia, porte y entrega. Se levanta, y con verticalidad medida, lanza su chaqueta al cielo, giro completo y la recoge con gesto despreocupado, desplante flamenco, con conocimiento y entrega, que regala al público.

Ñoño ofrece unas bulerías al toque y continúa
con una soleá, donde demuestra el conocimiento de la técnica, fuerza, sentimiento y sobresale el dominio, rozando la perfección, del alzapúa. Rodean de pie al hijo de Enrique El Extremeño, sentado en el centro del escenario, Pepe de Pura, Ezequiel Montoya y Polito haciéndole el compás.

Mientras suena la reina de los cantes, Farruquito aparece señorial, elegante, despreocupado en su profunda intimidad, donde en su abstracción, el silencio es el compás con palmas, palillos, sonidos multitonos que envuelven el virtuosismo de sus tacones y que, sin moverse, recorre toda la escala melódica.
Con gestos reclama a De Pura y a Montoya sus mejores cantes, mientras la guitarra a ritmo vertiginoso entabla diálogo con el bailaor, la escobilla, el silencio, fragmentos musicales como mandan los cánones de la soleá, finalizándola por bulerías.

Como parece norma en todo espectáculo flamenco, los artistas ofrecieron un fin de fiesta por bulerías. Ñoño cede la guitarra a Farruquito y El Polito se marca una pataíta con arte abandonando el escenario entre aplausos.
Cabe destacar el buen cante de Pepe de Pura y la voz aguda de Montoya; la percusión estuvo a la altura del evento; Antonio Santiago Ñoño se responsabilizó del peso musical, que superó con creces y que el público aplaudió con entusiasmo; Mari Vizárraga, todo fuerza, todo corazón a la que los borbotones le manan de esa garganta intensa; y el maestro en la línea del arte de Los Farrucos.

Fotos: Lorenzo Carnero (Agencia Punto Press)

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