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Éxito rotundo de ‘¿Qué pasaría si pasara?’ en Málaga

‘¿Qué pasaría si pasara?’. Cante: David Palomar. Guitarra: Riki Rivera. Baile: El Junco. Percusión: Roberto Jaén. Artista invitado (Baile): Carrete. Lugar: Sala La Cochera Cabaret de Málaga. Día: Domingo, 8 de diciembre de 2019. Aforo: Lleno.

‘¿Qué pasaría si pasara?’, el espectáculo de un cuarteto de gaditanos en estado de gracia, David Palomar, Riki Rivera, El Junco y Roberto Jaén, recalaba en La Cochera Cabaret de Málaga y el público que abarrotaba la sala disfrutó de lo lindo. Fue un éxito rotundo. Se trata de una obra divertidísima, con crítica social, fina ironía, grandes dosis de humor y, por su puesto, flamenco de muchos quilates.

“¡Qué bonito es el tanguillo!”, exclama Palomar antes de que los cuatro inicien al alimón una parrafada ininteligible. Hacen compás, ensayan posturas hilarantes, repasan la actualidad de forma crítica y El Junco baila. Qué ángel más grande.

“Cuando canto por seguiriyas, la boca me sabe a sangre”, proclama Palomar evocando a La Piriñaca y, acto seguido, canta por este palo, primero sin acompañamiento y luego con Riki Rivera, excelso, al toque, y El Junco, personalísimo, al baile, haciendo suyo el quejío profundísimo del cantaor gaditano y cosechando el primer gran aplauso de la noche. Y prosigue sobre el compás, soniquete marca de la casa, que genera su hermano Roberto Jaén con el cajón.

Mientras sus compañeros leen un ejemplar del Diario de Cádiz y ejercen de coro, Riki Rivera aparca su guitarra y arrostra un divertidísimo monólogo, en el que homenajea a Mariana Cornejo y logra transmitir su pasión por el flamenco al público, que lo secunda marcando el compás. Lanza un recadito para algunos críticos flamencos y también para las televisiones, para que programen el flamenco en horario de máxima audiencia. “¿Qué pasaría si pasara? Que los que quieren cantar, bailar o tocar puedan hacerlo y ser felices…” Llegan incluso a rapear, pataíta de arte incluida de Rivera.

A continuación, interpretan una milonga y una guajira que suenan a gloria bendita. La satisfacción del trabajo bien hecho se dibuja en sus rostros. Realizan un recorrido graciosísimo por el folclore regional (Canarias, Valencia, Aragón, Cataluña…) que incluye a Málaga y sus verdiales, y a Cádiz y el carnaval, pero también les da pie para homenajear a Chano Lobato, El Beni, Mariana Cornejo, Juan Villar y Alfonso de Gaspar por alegrías de su Cai. Apoteósicos. Calurosa ovación.

Turno para el graciosísimo y ‘enduendado’ monólogo de David Palomar, con la época hermética, Mairena y su razón incorpórea y el duende del flamenco como ejes principales. “Un flamenco sin duende es como una España sin corrupción”, espeta y continúa: “Esos pies de Carmen Amaya, la garganta de Juan Breva, las manos de Paco de Lucía…”

En su búsqueda del ansiado duende, hace una pincelada de los cantes de fragua de de Agujetas El Viejo, los de Levante de Pencho Cros y los cantes de trilla. Hasta que se come una seta alucinógena… Arte y gracia a raudales. Y sin solución de continuidad, detiene el tiempo por soleá. Otro momento cumbre, muy ovacionado.

Roberto Jaén, muy ocurrente, coge el testigo de Palomar y aborda en su monólogo temas como el  soniquete, el swing del flamenco, o asuntos sociales como que “la gente no saluda, ladra y rebuzna” o el uso excesivo del móvil: “Tal vez, si le decimos a la gente que la mente es una aplicación, empezarían a usarla”. Ahí queda eso.

Ya en la recta final, protagonizan una desternillante sesión de güija en torno a una mesa. Chano Lobato se manifiesta a través de El Junco, Juanito Valderrama a través de Roberto Jaén y Camarón en la voz de Palomar, que canta por bulerías para comérselo. “Ni el campo tiene llave ni el cante tampoco”, sentencian. Sorpresivamente, también se manifiesta Fred Astaire y hace su aparición estelar Carrete, que baila por bulerías por soleá.

Turno para El Junco, que junto a sus compañeros de reparto, ataviados todos con batas blancas, se plantean como objetivo “poner el corazón (de los presentes) a compás”. Y lo llevan a cabo con una pincelada por tanguillos. “Ya estáis todos curados”, diagnostica. “¡Qué arte más grande, por Dios!”, exclama alguien del público.

Cierran con un chotis que Palomar grabó hace un par de años para el Festival Flamenco Madrid y con los cantes del Piyayo. Y tras un largo y caluroso aplauso con el público enhiesto, Riki Rivera interpreta Y que pase lo que tenga que pasar. 

Pero ante los requerimientos del respetable, aún habría tiempo para un fin de fiesta con pataíta colectiva de arte incluida, con Carrete como guinda a una noche memorable.

Fotos y vídeo: Paco Lobato
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