Eduardo Guerrero gustó y se gustó

Ciclo ‘Flamenco Viene del Sur’ 2019. ‘Faro’ Baile: Eduardo Guerrero. Cante: Anabel Rivera y Manuel Soto. Guitarra: Javier Ibáñez. Lugar: Teatro Alhambra de Granada. Día: Lunes, 11 de marzo de 2019. Aforo: Casi lleno (250 personas).

Eduardo Guerrero presentó el 11 M (día de nefasto recuerdo para España) su espectáculo ‘Faro’ en el Teatro Alhambra de Granada. Es una obra que si bien no contiene un guión argumental definido si evoca estas curiosas construcciones, con sonidos del mar y del viento y canciones aflamencadas como Alfonsina y el mar y Mediterráneo, de Serrat.

Se presentó en Granada un ‘Guerrero’ incansable, de aspecto felino, que baila el silencio, sin sonido alguno, creando tensión para explotar con lances de frenéticos taconeos, que siendo su punto fuerte podrían resultar excesivos para algunos de los presentes y geniales para la mayoría.

Todo empieza con un poema, en un escenario con tan solo cuatro percheros, tres escalones de madera y tres sillas. Una luz tenue hace que imaginemos un mar en la oscuridad de la noche. El trémolo de la guitarra y un esbozo de una escobilla nos va introduciendo en una caña, que va alternando silencios con los primeros ‘ayeos’ tan característicos de este palo. Guerrero ya deja ver su virtuosismo con los pies y se deja no menos de mil calorías para empezar.

Para dar un pequeño respiro al bailaor, Anabel Rivera canta una preciosa versión de Alfonsina y el mar, dándole un giro flamenco a la composición argentina, como no podía ser de otra manera tratándose de una cantaora. Cambio de vestuario para bailar por tangos. Vestuario muy atrevido, que se antojaba una mezcla de traje de torero y disfraz de Elvis Presley que cambiaba de color pero no de hechura. Claro que en esto como en todo hay tantos gustos como colores.

Manuel Soto interpretó un versión del tema de Manuel Alejandro Se nos rompió el amor, rememorando a Rocío Jurado con un rico acompañamiento de guitarra, abundante en armónicos y tonos melancólicos de copla por bulerías. Con la versión verde del traje, Guerrero, que empieza bailando el sonido del viento, prosigue con un taconeo a ritmo de seguiriya, lo que corroboro al oír una clásica falseta de dicho palo, y gran profusión de taconeos, golpes en el pecho y otras florituras componen la peculiar coreografía, acompañada por un extraordinario guitarrista que estuvo sembrado en el toque.

Subido en un escalón de madera no más grande que una loseta interpretó un zapateado inspirado en Serrat y que titula Zapateado mediterráneo. Con la rapidez del taconeo y la nitidez con que sonaba aquella caja de resonancia, Guerrero terminó de ganarse al público y sabedor de ello se fue creciendo para terminar con unas alegrías rematadas por bulerías de Cádiz con el público en pie antes de acabarlas. Gustó y se gustó Eduardo Guerrero.

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