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Actulizado 11:01 AM UTC, Dec 2, 2021

Dani de Morón, ‘Creer para ver’: Camino, verdad y vida…

Reconozco que me intimida hacer una crónica, reseña o como se le quiera llamar (lo de crítica suena demasiado fartusco y pretencioso y no se corresponde con este texto) de una grabación tan íntima y compleja como ésta, ‘Creer para ver‘, de Dani de Morón; eso sí, una intimidad que se puede proyectar a cualquier ente con sensibilidad y disposición.

No voy a biografiar a este enorme guitarrista que ya maneja 39 tacos y que ha funcionado de tú a tú junto a los mejores y más engalanados personajes flamencos, además de bregar con individuos muy especiales de otras artes, porque solamente el que Paco de Lucía lo llamara para estar a su vera ya lo identifica como alguien contado y especial en este universo artístico.

Aunque yo lo conocía desde antes de esa Bienal de 2012 donde conquistó el Giraldillo, no lo vi en directo hasta dos años después en el Festival de la Guitarra de Córdoba junto a Gerardo Núñez y Diego del Morao, ¡ahí queda eso! Allí pude absorber su tremenda personalidad a 5 metros, con ese sello subliminal de su Morón, un Califato Independiente de la guitarra flamenca, de donde tomó nota, pero en el que él es un Reino de Taifas autónomo y sin frontera. La última fue a finales del año pasado en el espectáculo de El Pele, ¡otro!, ‘Mapa Mundi’, donde se apropió un continente entero, qué combinación más letal (porque apuñalan), flamenca y enriquecedora. Como anécdota, mientras tocaba por soleá, para mí de forma abrumadora, un espectador sentado detrás mía, comentaba por lo bajo: «A estos tocaores se les va la olla…» Y yo pensaba: «Bendita olla, ojalá se le fuera así en cada toque… Cá’ uno es cá’ uno». Y yo aquí sin predisposición alguna me ceñiré a mis sensaciones.

«Este disco es la expresión de un camino recorrido, de una verdad escuchada y sentida y de una vida artística que merece ser tenida muy en cuenta»

Volviendo al disco (permitidme llamarlo así, tengo una edad), que nadie espere un marco habitual con una serie de palos y ritmos (aunque los hay) reconocibles a primer oído. La pulsación y el alma de Dani de Morón son inconfundiblemente flamencas, es su lenguaje y su escritura, pero aquí va por otro camino; la variedad y originalidad de matices y armonías llevan su dimensión personal a otro capítulo de su trayectoria y, aunque cada tema es un concepto, crea un clima sonoro que envuelve al disco en su conjunto, algo nada fácil y que dice muchísimo de un proyecto y de un músico. Tras oírlo las primeras veces, y sin tener nada que ver en épocas y marcas ni comparar, me retraía en ese ambiente sensitivo a discos que marcaron un punto de inflexión musical y espiritual en sus protagonistas como el ‘A handful of beauty’, de Shakti & John McLaughlin, el ‘Caravanserai’, de Santana, o el ‘Solstice’, de Ralph Towner.

Los temas del disco, uno a uno

Dani de Morón ha sido en este trabajo muy generoso en cantidad y calidad, 12 temas, para dar y sentir. Distopía, sólo comenzar con esos paseos sobre las tablas indias, esa negatividad que podría implicar el significado del título se aleja para siempre, qué pedazo de tema. Creer para ver, melodía recubierta de matices, trémolo y sentencia. La Mazaroca, por bulerías, disonancias y ese prodigioso pulgar que flota sobre las cuerdas y que nunca termina en la nota esperada sino en la que él guarda. Ojos verdes, con la breve introducción de la grabación de Concha Piquer de 1955 (curiosamente, la primera vez que ella la grabó fue en 1940 acompañada sólo por la guitarra de Melchor de Marchena); ya tenemos, junto a la de Paco de Lucía, otra magistral versión de este incunable, magistral y lo siguiente. Conke, redondo, me ponen sus diálogos hilando notas espasmódicas con otras suaves y largas. Llorar de alegría, una breve canción que va emergiendo. Mary Anne, el discurso y el cante por marianas en clave de Dani personalizada, cumbre, ¿y un final mirando a la bossa? Camino, verdad y vida, descosiendo e hilando por soleá; ese final ligado y acelerado es una marca registrada de su toque. Distopía 2, free. Sura, del tunecino Dhafer Youssef, el oud lleva su nombre, un músico grandísimo con raíz y universalidad; la versión es preciosa, la visión de Dani es inagotable. Latente, que me retorna al diálogo del sexto tema. Ani Maamin, yo creo, en la versión del israelí Avishai Cohen, otro bicharraco, contrabajista y compositor inmenso, un cierre que abre a las mejores referencias y a innumerables opciones. Ah, enormes las percusiones de Agustín Diassera en toda la grabación.

Releyendo me da la sensación de que todo lo que he escrito es positivo, pues es lo que hay, y no soy pariente ni conozco a Dani, aunque creo que reconocería su toque y su sello hasta encerrado en una alacena. En fin, este disco, parafraseando uno de sus temas, es la expresión de un camino recorrido, de una verdad escuchada y sentida y de una vida artística que merece ser tenida muy en cuenta. Se lo agradezco, Dani de Morón.

Contenido del disco

  1. Distopía
  2. Creer para ver
  3. La Mazaroca
  4. Ojos verdes
  5. Conke
  6. Llorar de alegría
  7. Mary Anne
  8. Camino, verdad y vida
  9. Distopía #2
  10. Sura
  11. Latente
  12. Ani Maamin
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