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Actulizado 12:23 AM UTC, Mar 1, 2024

Solera de Jerez y enjundia de Málaga

Nano de Jerez, con Eduardo Rebollar.

Ciclo ‘Flamenco viene del sur’. Cante: Virginia Gámez y Nano de Jerez. Guitarras: Curro de María y Eduardo Rebollar. Lugar: Teatro Cánovas de Málaga. Fecha: Miércoles, 2 de mayo. Aforo: Casi lleno.
El ciclo ‘Flamenco viene del sur’ nos deparó, en esta ocasión, un mano a mano entre dos cantaores muy diferentes, pero complementarios: Virginia Gámez, cantaora malagueña que dota a todo lo que canta de mucha enjundia, y Nano de Jerez, que es al flamenco lo que la solera al vino fino de su tierra.

Abrió Gámez por malagueñas, con la guitarra cristalina de Curro de María. Canta despacito, modulando la voz con maestría (no se olvide que es profesora de cante en la Fundación Cristina Heeren de Sevilla y en la Federación Provincial de Peñas Flamencas de Málaga) y sacando a relucir su poderío cuando la ocasión lo requiere; verbigracia, en los abandolaos.
Cantó con sumo gusto y solvencia por bamberas, pellizcando y meciendo la voz con la cadencia característica de este palo, que acuñara La Niña de los Peines. Por cantiñas, también comenzó (como suele hacer Arcángel en sus recitales) muy despacio para, enseguida, acelerar el ritmo para derrochar arte, salero y compás. Dosifica con sapiencia los tonos altos pese a sus tremendas facultades vocales.
 
En la soleá, volvió a pellizcar y a demostrar su maestría, dotando a este cante de mucha enjundia. Pero, fue por bulerías cuando terminó de meterse al público en el bolsillo. Con el toque moderno de De María, la malagueña interpretó con mucho gusto, entre otros, la copla Te lo juro yo o el clásico de Bambino Corazón loco, enhiesta y racial. Emoción a raudales.

Entre los presentes, se hallaban algunos artistas malagueños (la bailaora La Lupi, pareja de Curro de María, las cantaoras Antonia Contreras y Diana Navarro y el cantaor El Tiriri), a quienes dedicó unos fandangos muy sentidos (le imprime una gran sentimentalidad a lo que canta con los tonos bajos), en la despedida.
Por su parte, Nano de Jerez, clásico con mucha solera, que estuvo acompañado a la guitarra por otro clásico de la vieja escuela, Eduardo Rebollar, principió por tangos sobrado de compás. Le dedicó las bulerías por soleá a su tío Tiriri, con quien trabajó muchos años en la Feria de Sevilla. «Pasábamos más tiempo allí que los farolillos», bromeó. Con frases como «Viva Málaga, la bella» o «Viva el Cautivo» conectó con el respetable sin apenas haber hecho nada aún. Es un maestro de la bulería, aunque sea, en este caso, más reposada, al ser el compás de soleá. El poso que ha dejado el tiempo en él es como el color teja de un vinto tinto gran reserva. 
Pese a su voz ronca, ¡qué bien dice el cante y con qué sapiencia! En los fandangos, que brindó a las mujeres, pese a contener algunas letras políticamente incorrectas, forzó más de lo debido la voz, que le acabó fallando. En la soleá, suplió la merma de facultades con oficio y dijo adiós por bulerías, pataíta final incluida, con mucho ángel. Puro Jerez.

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