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Actulizado 12:23 AM UTC, Mar 1, 2024

Sara Baras deslumbra con ‘La Pepa’

‘La Pepa’. Dirección, guión y coreografía: Sara Baras. Artista invitado: José Serrano. Dirección musical: Keko Baldomero. Cante: Saúl Quirós, Emilio Florido y Miguel Rosendo. Guitarra: Keko Baldomero y Miguel Iglesias. Percusión: Antonio Suárez y Manuel Muñoz ‘Pájaro’. Lugar: Auditorio del Parque de atracciones Tívoli de Benalmádena (Málaga). Día: Sábado, 8 de septiembre de 2012. Aforo: Lleno.

La propuesta de Sara Baras con la que conmemora el bicentenario de la Constitución de Cádiz, conocida popularmente como ‘La Pepa’, deslumbró a quienes abarrotaban el auditorio del Tívoli. La bailaora, que estará tres años de gira con este montaje, es una grande de este arte y eso se aprecia en la calidad de su baile, de muchos quilates, y en la transmisión.

Eligió para la puesta en escena, elegante y cuidada, motivos típicamente gaditanos que casan a la perfección con los palos elegidos para desplegar su espectáculo: martinete, guajira, zapateado, fandango, seguiriya, soleá por bulerías, malagueña, tanguillos, farruca y alegrías.

El cuerpo de baile abre la función con zapateado y percusión mientras, de fondo, se escucha un martinete. Representan a las víctimas de la guerra de la Independencia, a primeros del siglo XIX. Todos los caídos yacen en el suelo. Suena el lamento de la guitarra. Baras hace su aparición con gran solemnidad. Se despoja de su negra capa y deja ver un precioso vestido rojo. Ella sola llena el escenario.

En la escena del puerto, por guajiras (elección sumamente apropiada, al tratarse de un cante de ida y vuelta), la guitarra de Keko Baldomero marca el compás del baile. Ataviados con trajes de época, ellas bailan con gracia y donosura, abanico en ristre. Turno para ellos, capitaneados por el bailaor invitado, José Serrano, que hace gala de virilidad en su baile.

Por fandangos de Huelva, los cantaores se alternan y ellas bailan con mantón. Las escenas se suceden con agilidad; el ritmo no decae. Es un espectáculo de altura. No se olvide que, unos días después, lo presentaba en la Bienal de Sevilla durante tres noches, con todo vendido, cinco mil entradas nada menos. Regresa ella y pontifica. Ahora, vestida de azul. Apoteósica.

Pellizco en el cante por seguiriyas que encuentra eco en el baile sereno y profundo de la gaditana, que remata por bulerías con frenesí. Cosecha un largo y calurosísimo aplauso con su zapateado poderoso y contundente. Es un prodigio de ritmo, pero también de expresión en la quietud. A diferencia de otros artistas que se muestran muy distantes, ella destaca por su cercanía, agradeciendo en todo momento las ovaciones del respetable.

Protagoniza, a continuación, un momento deslumbrante, con Serrano y otros cinco bailaores, que se van alternando en el baile. Los cantaores cantan con pellizco una soleá por bulerías, con referencias a Cádiz y a los aires de libertad que irradiaba ‘La Pepa’. También las letras de la malagueña hacen referencia al espíritu de la Constitución de Cádiz.

Con un decorado tan gaditano como las murallas, el cuerpo de baile embelesa al público por tanguillos, culmen de la gracia de Cai. Serrano recuerda en sus maneras la ortodoxia y pureza de El Pipa. Se escucha de fondo la voz de Sara Baras: “Dicen que ‘La Pepa’ es la voz del pueblo en forma de mujer y respira libertad”. Regresa subida en un pedestal, en un nuevo cambio de vestuario.

Y no podía faltar el palo gaditano festero por excelencia, las alegrías. Se baja a las tablas. “Vamos allá, Josefa”, le espetan con la sempiterna gracia gaditana. De nuevo, apoteósica. Luego, cede el testigo al cuerpo de baile en tanto que ella bracea en el pedestal. Se recrea por momentos en que pasa del desenfreno a la quietud. Cadenciosa, sube y baja el ritmo a voluntad. Tras la despedida, unas palabras de agradecimiento (“Viva Málaga”) y un bis colectivo. Espectacular, deslumbrante.

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