Samuel Serrano, la voz añeja que emociona

Cante: Samuel Serrano. Guitarra: Luis El Salao. Palmas: Edu Gómez y Manuel Vinaza. Baile: Bastián Jiménez (Cuadro: Cante: Miguel Astorga y Antonio Heredia. Guitarra: Dani Heredia). Lugar: Casa de la Cultura de Arroyo de la Miel, Benalmádena (Málaga). Día: Viernes, 23 de marzo de 2018. Aforo: Lleno.

Pellizco Flamenco lo descubrió en la I Fiesta de la Bulería de Málaga, que se celebró en Fuengirola el pasado verano, en la que ni siquiera estaba anunciado, y logró emocionar a quien suscribe con su voz añeja y el sentimiento que le imprimía a cada tercio. Desde entonces, Samuel Serrano ha seguido creciendo como artista y ha publicado su disco de debut, ‘Dos caminos’ (producido por el gran Paco Cepero, su padrino artístico), que, el pasado viernes, presentaba en Benalmádena, en una gala organizada por la Peña Flamenca La Repompa, y dejó boquiabiertos a los asistentes, a los que emocionó desde los martinetes iniciales, toda una declaración de principios, hasta las bulerías con que dijo adiós.

Y es que el chipionero atesora pureza y solera, pese a su juventud. Una joven revelación, savia nueva de la que tan necesitado está el flamenco, respetuoso con la tradición, pasó de la tristeza más profunda de los martinetes a la celebración de la vida de las alegrías. Por momentos, recuerda el eco de Rancapino. Y cante lo que cante, suena flamenquísimo. Sabiamente acompañado a la guitarra por Luis El Salao, arrostró también con solvencia tarantos y seguiriyas, profundísimo, pellizcando y dando las cinco pesetas del duro.

Por fandangos, volvió a emocionar a un servidor, como lo hiciera en la referida Fiesta de la Bulería de Málaga. Los vellos, como escarpias. Se despidió, con una sonora ovación, por bulerías, en las que evocó a Camarón, pero manteniendo siempre su personalísimo sello.

Le precedió el bailaor malagueño Bastián Jiménez, discípulo de La Lupi, que, con Miguel Astorga y Antonio Heredia al cante y Dani Heredia al toque, demostró que ha crecido una barbaridad como artista. De aquel “caballo desbocado”, como le tildaba cariñosamente La Lupi, ha pasado a parar, templar y mandar sobre el escenario, pellizcando en cada desplante.

Fotos: Diego Morilla

 

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