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Actulizado 1:01 AM UTC, Apr 24, 2024

Rocío Márquez, humildad y grandeza

ROCIO MARQUEZ‘Mujeres nacidas para el flamenco’. Ciclo ‘Flamenco viene del Sur’. Cante: Rocío Márquez y Cristina Tovar. Guitarra: Mercedes Luján y Belén Novelli. Baile: Yessica Brea. Percusión: Marta Orive. Palmas: María José Suárez ‘La Toromba’. Lugar: Teatro Cánovas (Málaga). Día: Miércoles, 8 de mayo de 2013. Aforo: Dos tercios.

Las palabras humildad y grandeza pueden sugerir conceptos contrapuestos, pero nada más lejos de la realidad, que suele darnos ejemplos de lo contrario. En este sentido, Jesús Méndez, que podría prescindir de actuar en peñas flamencas, sigue haciéndolo, porque, según propia confesión, no olvida sus orígenes. Algo parecido podría decirse de Rocío Márquez, quien, pese a despuntar en solitario de un tiempo a esta parte, especialmente tras la reciente publicación de su disco de debut (‘Claridad’), no rehúye participar en un proyecto grupal como el que nos ocupa. Humildad y grandeza, afortunadamente, pueden ir ligadas, como es el caso.

Abrió el espectáculo Belén Novelli, jovencísima y prometedora guitarrista de origen francés aunque afincada en Valencia, por campanilleros, pieza tremendamente melódica y reconocible, exhibiendo su dominio técnico. Pero, el protagonismo, seguramente a su pesar (como he indicado anteriormente), lo iba a tener Rocío Márquez, que principió con una bellísima nana, en su preciosa y delicada voz, y prosiguió con unos cuplés por bulerías en recuerdo a Fernanda y Bernarda de Utrera. Mercedes Luján se compenetró bien con la onubense, pues su pulsación agreste y heterodoxa contrastaba con la dulzura de su voz.

Homenajeó Márquez a la tierra que pisaba con la malagueña de la Trini, que remató por jaberas. Curiosamente, también cantó la malagueña de la Peñaranda, mutatis mutandis, adaptándola al ritmo inconfundible de los abandolaos. Se trata de cambiar unas piezas del puzle por otras y que todo encaje, algo en lo que era un maestro Enrique Morente. En los tangos de La Niña de los Peines («gran referente de todas las cantaoras», aseveró) y de Granada, lució su voz cristalina, en uno de los momentos álgidos de la noche.

Turno para el baile, con el cuadro al completo (salvo la mencionada Márquez), con otra estupenda cantora, Cristina Tovar, y su voz rota y gitana (sin serlo), quejío ideal para la danza flamenca. En la soleá, Yessica Brea mostró su baile poderoso, contundente, con mando en plaza. No en vano, ordenó atemperar el ritmo de la guitarra cuando lo estimaba oportuno. Es una bailaora racial, con un zapateado rabioso y tal contundencia, cual centella, que hasta la peineta salió despedida.

Vuelve Márquez por Levante (taranta de Pastora), monumental -no se olvide que posee la lámpara minera-, con la guitarra, en este caso, más clásica, precisa e íntima, de Luján. En las seguiriyas, con un dominio técnico irreprochable, la onubense le da la vuelta a la tristeza propia de este palo y hace que suene optimista. Esplendorosa. Se despidió por fandangos de su tierra, cante con denominación de origen marcadísimo, con un recuerdo a La Conejilla.

Regresó Yessica Brea por alegrías, de nuevo con Cristina Tovar, espléndida, al cante. Exaltación del gozo que culminó con el público emocionado y enhiesto. Su aplauso fue recompensado con un fin de fiesta por bulerías con el cuadro al completo.

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