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Poveda salió por la puerta grande

Cante: Miguel Poveda. Guitarra: Manuel Parrilla, José Quevedo ‘Bolita’ y Jesús Guerrero. Palmas: Luis Peña, Carlos Grilo y El Londro. Percusión: Paquito González y Antonio Coronel. Baile: La Lupi. Lugar: Plaza de toros de La Malagueta (Málaga). Fecha: Jueves, 2 de agosto de 2012. Aforo: Lleno

Hacía poco más de cuatro meses que iniciaba la gira de presentación de su disco ‘ArteSano’, precisamente en Málaga, entonces en el auditorio municipal, tres días antes de que el álbum viera la luz, y, ante el enorme éxito cosechado, regresaba de nuevo Miguel Poveda a la capital malagueña, en este caso a la plaza de toros de La Malagueta, también con el cartel de ‘No hay billetes’. Y, como era previsible, salió por la puerta grande.

El ruedo lo abarrotaba un público variopinto. Y es que Poveda, número uno del escalafón flamenco, se ha convertido (mutatis mutandis) en un fenómeno comparable a Camarón, en lo que a tirón popular se refiere. Su incontestable éxito con ‘Coplas del querer’, que alcanzó el disco de platino, le da bula para presentarle al gran público un disco clásico, grabado a guitarra (redondo, en cualquier caso), con una minoría como público objetivo. ¿Temeridad o valentía? Consigue llegar a las masas con un disco de flamenco tradicional y se permite el lujo de presentarlo dos veces en la misma ciudad en menos de cinco meses, con todo vendido. Me descubro ante usted, señor Poveda.

Volvió a abrir con la soleá apolá (Con-vivencia) en la que hermana dos concepciones del cante enfrentadas en su día, representadas por Marchena y Mairena. Pellizco y pureza al alcance de la mayoría sin perder la autenticidad; algo muy difícil de lograr. El catalán (afincado en Sevilla desde hace años) tiene la clave y la llave. Interpreta, acto seguido, una malagueña con abandolao y unas alegrías (con guiño a Camarón incluido), que, curiosamente, no se hallan en el disco. Se trata de letras añejas y auténticas con las que el público ruge de satisfacción, especialmente cuando La Lupi hace su aparición, entre los oles de sus paisanos. Maestra de Rocío Molina, y con una tremenda personalidad, maneja la bata de cola con maestría. Hay guiños a Málaga en algunas letras y también canta El Londro, voz genuina y auténtica de Jerez.

Arrostra los tientos de Pastora. Prima la percusión. Profunda y sentida salida con Manuel Parilla, enorme, a la guitarra. En las bulerías de Cai, el sonido se torna espectacular. La luna llena forma parte del decorado natural. Sólo Cádiz sabe sacudirse la crisis con esa alegría suya tan característica (“¡21 por ciento! Eso no puede ser”, se queja irónico Poveda). Apoteósico.

Alterna sabiamente penas y alegrías. Turno para la minera de su creación en homenaje a Pencho Cros. No se olvide que ganó la lámpara minera con veinte años y que tiene una calle en La Unión. A continuación, interpreta La Ruiseñora, de Rafael de León, copla por bulerías, una preciosidad.

La Lupi le permite un primer descanso, al ofrecer su particular recreación de los verdiales, forma preflamenca más antigua que se conserva. Vuelve el de Badalona por seguiriyas, con Parrilla a la sonanta. Hiere con la cabal (“Debajo de ese arbolito me senté llorando. Yo me acordaba de mi parecito y de pena rabiaba”.), en la que no puede sustraerse a la pérdida de su padre, fallecido hace unos meses.

De la sima, la pena más profunda, a la cima, al gozo desmedido, por tangos de Triana, con Las Peligro. La Lupi se suma a la fiesta y baila con él. Un solo de guitarra precede a los fandangos por soleá con los que homenajea a María La Sabina, marcando el compás con los nudillos a la antigua usanza. Una exquisitez. Volverá a interpretar las elegantes sevillanas para escuchar que Isidro Muñoz le ha compuesto; Serafino, las alegrías acancionadas que grabó con Paco de Lucía; la deliciosa nana que cantara Bernardo de los Lobitos; y el plato fuerte, las bulerías de Jerez, con el característico soniquete. Momento álgido. Aunque catalán y payo, parece nacido en el barrio de Santiago. Dice el cante con gusto, sapiencia y pellizco.

Saluda a Rafael Amargo y a Antonio Gala, que se hallan entre el público, homenajea a Camarón con La leyenda del tiempo, y canta Esos cuatro capotes, con La Paquera en el recuerdo, antes de ofrecer un popurrí de coplas (La bien pagá, María de la O –“Viva Marifé”-, Bravo (de Bambino), A ciegas y la celebradísima Mis tres puñales) a un respetable completamente entregado y emocionado. Aún se despediría por bulerías, pataíta incluida.

1 Comment

  1. ana Reply

    Vi el concierto en directo y no se puede describir mejor el gran espectáculo que nos ofreció este gran maestro del flamenco como es Miguel Poveda.

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