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Actulizado 3:20 PM UTC, May 22, 2024

Poveda apabulla en el estreno de ‘ArteSano’

Poveda, con José Quevedo ‘Bolita’, a la guitarra.

Cante: Miguel Poveda. Guitarra: Manuel Parrilla, José Quevedo ‘Bolita’ y Jesús Guerrero. Compás: Luis Cantarote, Carlos Grilo y El Londro. Percusión: Perico Navarro y Antonio Coronel. Baile: La Lupi. Lugar: Auditórium Club de Málaga. Fecha: Sábado, 24 de marzo. Aforo: Lleno.
Miguel Poveda se ha ganado a pulso el primer puesto del escalafón flamenco y, como hiciera en su día José Mercé, logró llevar su arte a las masas con su anterior disco, ‘Coplas del querer’, con el que alcanzó el disco de platino. Pero, él, no se olvide, es ante todo flamenco, y así lo demostró en el Auditórium Club de Málaga, en la presentación de su nuevo álbum, ‘ArteSano’, que, curiosamente, verá la luz tres días después, el 27 de marzo.
Siempre he mantenido que los grandes de la música en general, y del flamenco en particular, se suelen rodear de los mejores. Y Poveda no es una excepción. Acudió a la cita con tres palmeros (entre ellos, el cantaor El Londro), tres guitarristas (que se alternaban en el escenario) y dos percusionistas. Hizo un recorrido por los cantes recogidos en ‘ArteSano’: tientos de Pastora, muy sentidos; fandangos por soleá, una exquisitez en la que pellizcó, con los palmeros marcando el compás con los nudillos, a la antigua usanza; soleá apolá, con hondura y letra propia; malagueñas de La Peñaranda, con una salida muy sentida y aplaudida, que remató con un fandango de Lucena…
En las alegrías, con imágenes marinas de fondo, se incorpora La Lupi, bailaora local, maestra de Rocío Molina, que maneja con maestría la bata de cola. Conforman una de las instantáneas de la noche. Derroche de arte, que continuó con el ritmo bailable, festero y contagioso de Qué disparate, bulerías de Cádiz que constituyen el primer single de su nuevo disco, en el que colabora su maestro Rancapino.
Así seguirá alternando momentos luminosos con otros sombríos, como la minera que le dedica a Pencho Cros, también con letra propia. La versión de La ruiseñora (por bulerías), de Rafael de León, es tan flamenca que resulta difícil no emocionarse. Poveda se toma un mínimo descanso para que La Lupi baile con castañuelas unos verdiales incluidos en su espectáculo ‘Yo, conmigo misma’, rodeada de palmeros y violín. Vuelve, con Parrilla a la guitarra, por seguiriyas a luz de las velas dibujadas en el escenario. Es capaz de emocionar a los presentes (se muestra portentoso al rematar la cabal) pese al ruido generado por el trasiego de personas que, al fondo, van y vienen a la barra y a los servicios.
En los tangos del Titi, con la imagen del puente de Triana de fondo, La Lupi vuelve por sus fueros, rotunda, genuina, elegante, con pataíta de él incluida. Ofrece, acto seguido, unas sevillanas tremendamente flamencas, con letra de Isidro Muñoz, en la que La Lupi exhibe destellos de su arte. También las alegrías (Serafino), que ha grabado en el disco con Paco de Lucía, las firma Muñoz. Las define como “muy sanluqueñas” y las interpreta con la frescura de lo nuevo, junto a Manuel Parrilla y Jesús Guerrero, que también son extraordinarios guitarristas. Con las bulerías de Jerez, se alcanza el momento cumbre, pataíta final incluida. Emoción y compás a raudales.
De la fiesta a la quietud de la nana, con el braceo de La Lupi desde una silla a la que vuelve al final de la pieza. Una delicia. Se permite la licencia de felicitar cantando a una fan y se marca otra pataíta, que precede a unos cuplés por bulerías en los que La Lupi ofrece otra pincelada de su arte. En un momento dado, cede el testigo del cante a El Londro para darle la réplica a la bailaora malagueña.
Por último, propone un trato al respetable, consistente en “cantar hasta que desfallezca”, a cambio de no atender sus requerimientos tras el concierto. Hay que recordar que es su primera actuación tras el reciente fallecimiento de su padre. Así y todo, completó las dos horas de recital con Esos cuatro capotes, A ciegas (con el público, que abarrotaba el recinto, totalmente entregado) y Alfileres de colores, con un guiño a Málaga, como guinda. Por ello, no exagero si digo que apabulló.

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