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Actulizado 6:48 PM UTC, Oct 9, 2026

‘Moderna’, flamenco sinfónico y mucho más

Estreno de ‘MODERNA. Orquesta Moderna: Flamenco #01′. Orquesta sinfónica. Big band flamenca. Arreglos y dirección musical: Tete Leal. Cante: Israel Fernández, Sandra Carrasco, Lela Soto, Agujetas Chico, María Sorroche, Vanessa y Remedios Fernández. Guitarra: Rycardo Moreno, Agujetas Chico y Rubén Lara. Saxo: Enrique Oliver. Lugar: Teatro Cervantes de Málaga. Día: Martes, 6 de octubre. Aforo: Lleno.

Llegamos al Teatro Cervantes de Málaga y antes de entrar se respiraba un ambiente diferente y con buena vibra. Hay noches en las que uno sabe que algo especial está a punto de suceder.

Camino al Cervantes, nos íbamos encontrando y saludando a compañeros de tantas ramas musicales como el jazz, flamenco, clásico, rock… Músicos que habitualmente recorremos caminos diferentes, pero que aquella noche coincidíamos en un mismo lugar, con una misma inquietud: descubrir qué estaba a punto de ocurrir sobre esas tablas. Y quizá ahí estaba ya parte de la magia.

Entra la orquesta en escena, muy bien sincronizada, y frente a ellos se sitúa Tete Leal, el chamán. Sus gestos y su manera de dirigir durante las dos horas que duró el espectáculo parecían invocar algo que va mucho más allá de lo que ocurre sobre el escenario, estaba flotando, se palpaba y nos abrió el camino y tendió un puente entre el mundo material y el mundo espiritual, con su música como testigo.

El ramillete de cante que traía para gozar con su orquesta era de lo más variopinto y, lo mejor de todo, ninguno era igual al otro.
Todo ello de la mano del gran guitarrista de vanguardia, lebrijano, Rycardo Moreno.

Abrió Lela Soto y nos regaló uno de sus propios temas, los tanguillos de Vienen los gitanos, con ese punto fresco y personal que tiene su manera de cantar.

La idea de este genial compositor y director es coger temas de estos artistas y hacer los arreglos completamente inéditos, mezclando el lenguaje flamenco con jazz y música sinfónica.

Con aires de zambra moruna, la gran orquesta acompaña a Sandra Carrasco, que aparece sobre el escenario dejándose la piel y entregándose de lleno en cada nota. Versátil, elegante y con una sensibilidad especial, capaz de moverse por el flamenco y por cualquier camino que se proponga.

El estreno de la orquesta fue una auténtica sorpresa desde el primer momento. Todo sonaba en su sitio, perfectamente ensamblado y cuidado hasta el último detalle. Pero más allá de la precisión, había algo que se sentía: mucho trabajo, muchas horas detrás y una conexión entre todos que hacía parecer que llevaban meses compartiendo escenario.

A la orquesta se sumaba la guitarra flamenca de Rubén Lara, exquisita, con fuerza y gran flamencura, sumándose también en los movimientos de la propia orquesta siempre aportando notas que suman. Las voces de María Sorroche, Vanesa y Remedios Fernandez fundiéndose con la orquesta y cada artista, aportando matices que hacen crecer la música.

El paso de Rycardo Moreno con su tema Bordón gitano nos transportó a su trabajo con sinfónica en su discazo de ‘La Perla’, donde los arreglos y fuerza de la orquesta arrollaban al respetable.

Y después un gran acompañamiento personal por bulerías al artista toledano Israel Fernandez, que derrochó gitanería, con ese cante tan suyo, profundo y personal. Una voz que bebe de la tradición y del cante antiguo, pero que al mismo tiempo mira hacia delante.

El flamenco respira y juega con el momento y aquí convive con una estructura orquestal mucho más precisa. No quitaban la mirada del gran director de ceremonias, Tete Leal, que en cada entrada y salida los acompañaba y los mecía con mimo para que todo cuadrara a la perfección.

La orquesta sonaba a fragua, una fragua gitana de lamento donde Antonio Agujetas, por tonás y seguiriyas, sacando ese cante antiguo, áspero y de quejío. Su voz salía de muy dentro, sin adornos innecesarios, dejándose llevar por la queja y por ese sentimiento tan propio del cante negro. Fue un momento de los que te hacen escuchar en silencio.

Noche de sonidos nuevos, de mezclas y de culturas, en la que Tete Leal se atrevió a buscar nuevos derroteros y a llevar el flamenco con arreglos diferentes. Un director con una mirada inquieta, capaz de unir mundos y hacer que encajen con naturalidad. De Lorca también se acordó y del jazz malagueño de la mano del saxofonista Enrique Oliver poniendo ese punto de libertad y de personalidad.

La leyenda del tiempo sonó de una manera y cadencia muy particular, como un guiño a aquella revolución que abrió nuevos caminos. Una noche para escuchar, descubrir y dejarse llevar.

Foto: Carlos Martín.

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