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Actulizado 12:30 AM UTC, Jul 15, 2024

María Toledo, voz y personalidad flamenquísimas

Cante y piano: María Toledo. Artista invitado: Antonio Cortés. Guitarra: Jesús del Rosario. Violín: David Moreira. Percusión: Paco Vega. Lugar: Sala Teatro La Fortuna del Hotel Torrequebrada de Benalmádena (Málaga). Día: Sábado, 15 de diciembre de 2012. Aforo: Casi lleno.

La gira de presentación de su segundo disco (‘Uñas rojas’) recalaba en la coqueta sala teatro La Fortuna, del hotel Torrequebrada, en Benalmádena, y un público mayoritariamente joven la aguardaba ávido de esa frescura y personalidad que María Toledo le aporta al flamenco. No en vano es la única cantaora de la historia de este arte que se acompaña al piano, la Diana Krall del flamenco, como la han bautizado.

Esta ‘pija canastera’ (El Pele dixit) encandiló al respetable desde el comienzo de su actuación, con el tema que da título a su nuevo álbum y prosiguió con El sol, la sal, el son, canción por bulerías, de gozo y celebración, grabada junto a Diego Carrasco y que era la sintonía del programa homónimo de flamenco que Jesús Quintero presentó en Canal Sur TV. A lo largo de su recital, alternará momentos en los que canta enhiesta con otros en los que permanece sentada al piano. “Vivan las abogadas con arte”, le espetan. Pellizco al cubo.

Interpretó la primera canción que compuso (El olvido para los que no olvidan), precisamente en Torremolinos, donde veraneaba y asegura tener grandes amigos. Con piano y violín, ofreció una interpretación desgarrada, hiriente, de Dame una oportunidad, que ha registrado recientemente con Antonio Carmona, ex Ketama. Convocó al duende con Nunca me olvidarás (rotunda belleza y emoción a raudales) y le dio una sorpresa a sus seguidores al invitar al escenario a Antonio Cortés, en un dúo espectacular, de arte con mayúsculas. “Es una de las mejores voces del flamenco actual”, aseguró Cortés.

La cantaora manchega se mostró muy comunicativa con el público en todo momento y exorcizó sus fantasmas interiores sacándolos fuera y compartiendo su intimidad con los presentes. Verbigracia, el desamor que destilan Marioneta y La del pelo alborotao. Logró otro momento de belleza impar con la deliciosa versión de María la Portuguesa, de Carlos Cano, incluida en su último disco. Pequeño alto para que David Moreira, virtuoso y excelso, deleite al respetable con un solo de violín. Vuelve Toledo, que ha cambiado sus mallas negras por un bonito vestido blanco, para cantar Con el tiempo, intimismo de piano y violín. Todo lo que canta, aunque se acerque al jazz, el latin jazz u otras músicas, suena flamenquísimo.

Como muestra de su bonhomía, le da una oportunidad a Nati Palomo, fan de El Puerto de Santa María, con la que canta a dúo Mala cabeza, que da paso a la parte puramente flamenca: Alegrías (con La Perla y Aurelio Sellés en el recuerdo) y tangos (“de dos artistas que todo artista ama, Camarón y Morente”). Emocionó al respetable con Como el agua, Rosa María, A la hora de la muerte y un guiño a Málaga, con los tangos de La Repompa. Aún hubo tiempo para homenajear a Los Chichos (Amor de compra y venta), estrenar una nueva composición, aún no registrada (A mi consentido), por bulerías y para otro guiño a la tierra que pisaba y a Morente, con su emotivo y bellísimo Adiós, Málaga. Ya en el fin de fiesta, cuplés por bulerías (No me quieras tanto y Te lo juro yo). Y, ante la insistencia del respetable, unos sentidos fandangos, con el archiconocido ‘Ali, ali anda’ inicial de La Paquera. Apoteósica.

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