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Actulizado 1:25 AM UTC, Feb 23, 2024

La voz de Mayte Martín, un regalo para el alma

Foto Mayte Martín Teatro Cánovas 10-4-13
Ciclo ‘Flamenco viene del Sur’. Cante: Mayte Martín. Guitarra: Juan Ramón Caro. Lugar: Teatro Cánovas (Málaga). Día: Miércoles, 10 de abril de 2013. Aforo: Lleno.

Es la gran voz del flamenco. Su forma de decir el cante es un deleite para los oídos y para el alma. A estas alturas de su trayectoria artística, reconocida por la crítica y admirada por la afición, Mayte Martín no tiene que demostrarle nada a nadie. Es consciente de su valía y transmite esa seguridad cuando canta. El público recibe como un regalo caído del cielo su bella voz, su interpretación elegante, llena de matices, con sabor añejo. Un lujo en los tiempos que corren.

Principió por peteneras. ¡Con qué gusto tan exquisito canta! A una entrada reposada prosiguió una interpretación con pellizco y remató el cante de forma fulgurante, con La Niña de los Peines en el recuerdo. Tras su homenaje a la más grande cantaora de todos los tiempos, otro tributo, en este caso a la tierra que pisaba -en la que tiene buenas amigas del gremio, como las cantaoras Antonia Contreras y Virginia Gámez, allí presentes- por malagueñas y abandolaos (jaberas y fandango de Frasquito Yerbabuena). Exhibió su maestría en la malagueña de Chacón, a la que dotó de una gran profundidad y musicalidad, con contención, modulación y elegancia.

La cantaora catalana forma pareja artística desde hace años con Juan Ramón Caro, estupendo guitarrista, y eso se aprecia en la compenetración que logran en sus directos. En las seguiriyas, su cante lastima por momentos. Domina por igual altos y bajos. Por eso, entre otras cosas, es una maestra de este arte. Remató con un espectacular macho con aires de guajiras.

Alteró la programación prevista en el programa de mano, algo lógico si se tiene en cuenta que un artista canta lo que necesita expresar en cada momento. Prosiguió con una larga tanda de fandangos, personales y de Huelva; por soleá, con sabor a cante antiguo; guajiras, azúcar puro, una delicia; y se despidió por bulerías, bolero incluido (Un compromiso, de Machín).

Como agradecimiento al calurosísimo aplauso que le brindó, enhiesto, el respetable interpretó, acompañándose ella misma a la guitarra, Un cuento para mi niño, de los añorados Lole y Manuel. Apoteósica.

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