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José Mercé, madurez y plenitud

Cante: José Mercé. Guitarra: Diego del Morao. Coros y palmas: Marcelino Fernández ‘Marci’, Antonio de los Reyes ‘Negro’ y Rafael de los Reyes. Bajo: Manolo Nieto. Percusión: Cesáreo Moreno ‘Güito’. Lugar: Auditorio del parque de atracciones Tívoli – Benalmádena (Málaga). Día: jueves, 23 de agosto de 2012. Aforo: Dos tercios.

Desde que lanzara ‘Del amanecer’ (1998), junto al guitarrista Vicente Amigo, disco que lo encumbró y le permitió llegar al gran público, José Mercé ha seguido una exitosa carrera, que le ha llevado a vender más de 600.000 discos. Tras Ruido (2010), su último álbum editado hasta la fecha, inició el pasado año una gira bajo el epígrafe ‘Nuevo amanecer’ (en claro homenaje al referido disco), en el que repasa algunos de sus éxitos, al tiempo que ofrece cantes de mayor enjundia. El auditorio del parque de atracciones Tívoli –que cumple cuarenta años- acogió un recital de esta gira, en el que el jerezano demostró encontrarse en madurez y plenitud.

Abrió por malagueñas del Mellizo (en un inequívoco guiño a la tierra que pisaba) con maestría y sapiencia, y las remató, como es preceptivo, por abandolaos. Con el público entregado desde el inicio, arrostró unos fandangos muy sentidos, entre ellos uno en homenaje a El Carbonerillo y otro a su hijo Curro, fallecido hace años y al que sigue recordando en cada actuación. Le acompañaba a la guitarra, elegante, clásico y moderno a un tiempo, Diego del Morao, que ha ocupado el lugar que dejó vacante su padre, el malogrado Moraíto Chico.

Tras esta introducción puramente flamenca, aborda Del amanecer, momento en el que se incorporan tres palmeros, bajo y percusión. Suenan fuegos artificiales y falla el micrófono. El jerezano decide poner, al mal tiempo, buena cara y prosigue su recital sin amplificación, en un impar derroche de facultades. También canta sin micrófono unas alegrías cadenciosas y con mucho sabor. Aunque suene a tópico, como los buenos vinos, ha mejorado con el paso de los años, hasta alcanzar una madurez envidiable.

Va intercalando alguna que otra canción aflamencada (verbigracia, Te pintaré) de su exitoso repertorio, lo que llena de gozo a sus seguidores. Se permite un mínimo descanso para que Diego del Morao, sobresaliente, y el resto del cuadro (al cante, los subalternos) ofrezcan unas bulerías con el característico y admirado soniquete jerezano.

Vuelve Mercé con Al alba, grandiosa versión con la que mejoró a la original y que fue incluida en su disco ‘Aire’ y en el álbum de homenaje a Aute (‘Mira que eres canalla’), ambos publicados en 2000. El público corea el tema y él, cual cantante pop, le cede el testigo. Diego del Morao disfruta del momento, como deja translucir su rostro. No hay duda de que, en la voz de Mercé, todo suena flamenco, aunque, en ocasiones, se aleje de los cánones.

Por bulerías, con Camarón en el recuerdo, puro Jerez; emoción a raudales, compás, gozo y celebración. Como anécdota, le pidió a Diego del Morao que cambiara la cejilla al dos. “A la antigua”, convino éste. Homenajea a La Paquera de Jerez con su archiconocido ‘Ali, ali, anda’, enhiesto, sin amplificación y pataíta incluida. Grande y cercano, ofreció una letra autobiográfica, tremendamente sentida, mientras bailaba y se gustaba. El respetable, rendido a sus pies, se acercaba a saludarlo y a mostrarle su admiración. Uno de los presentes le había espetado con anterioridad: “Yo quiero ser como tú”. En la despedida, uno de sus éxitos incontestables, Aire. Y, como diría Gracián, “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Pues eso.

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