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Actulizado 12:35 AM UTC, Jun 17, 2024

Jesús Méndez brindó una noche memorable


 
Cante: Jesús Méndez. Guitarra: Miguel Salado. Palmas: Manuel ‘El Joyero’, Paco Aragón y Camaquito. Lugar: Peña Flamenca Unión del Cante de Fuengirola-Mijas. Fecha: Viernes, 1 de junio. Aforo: Lleno.
 
 
Jesús Méndez ofreció un extraordinario espectáculo, perfectamente secundado por Miguel Salado a la guitarra, en la peña flamenca Unión del Cante de Fuengirola-Mijas. Y todo sin salirse de los cánones. Fue un recital ortodoxo, con un respeto máximo a la tradición. Méndez aporta, eso sí, su personalidad cantaora para renovar esa tradición y presentarla como algo recién parido, pese a su corta edad (veintiocho primaveras).
 
Miguel Poveda, número uno del escalafón flamenco actual, se confiesa admirador suyo y el crítico Juan Vergillos lo destacó, en el último Festival de Jerez, «por empuje, facultades y técnica» como «la estrella emergente que se consolida». Algo tendrá el agua cuando la bendicen, añado yo.
 
Hay que destacar el buen gusto y la elegancia con la que arrostra los cantes, como la soleá por bulerías, con la que abrió su actuación. Prosiguió por alegrías, con la guitarra salinera de Salado, que hizo una exibición a lo largo del recital del archiconocido y reverenciado soniquete de Jerez.
 
En el taranto, predominó la sentimentalidad propia de los cantes de Levante. El guitarrista brindó bellas falsetas, en tanto que el cantaor se volcó, pellizcando en el remate. Manifestó Méndez su alegría al ver a un buen puñado de público joven entre la concurrencia, instantes antes de cantar, con maestría y pellizcando, por soleá («Nos metemos en profundidades», advirtió). Volvía el soniquete característico de esa tierra que, no en vano, fue una de las cunas de este arte. Profundidad y sentimiento a flor de piel.
 
Se mostró descomunal en los fandangos, con un guiño a su tía, esa extraordinaria cantaora que atendía por La Paquera de Jerez, en el ‘Ali, ali anda’ inicial. Por seguiriyas, pureza. Méndez es un cantaor humilde y sapiente, de los que engrandecen este arte. Soberbio Salado, inmenso Méndez en el macho.
 
En la despedida, por bulerías (de nuevo la herencia cantaora afloró en todo su esplendor), se sumaron como palmeros tres jóvenes valores locales: el cantaor Manuel ‘El Joyero’ y los guitarristas Paco Aragón y Camaquito. Entre otras letras, La Salvaora, de Caracol. Fue la guinda para una noche memorable, de las que hacen afición. 

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