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Actulizado 10:18 AM UTC, Jul 18, 2024

Esperanza Fernández, un valor seguro

La trianera, en los fandangos por soleá.

Ciclo ‘Flamenco viene del sur’. Cante: Esperanza Fernández. Guitarra: Miguel Ángel Cortés. Percusión y palmas: Jorge Pérez y José Manuel Fernández. Lugar: Teatro Cánovas de Málaga. Fecha: Miércoles, 23 de mayo. Aforo: Casi lleno.
Esperanza Fernández fue la encargada de cerrar el ciclo ‘Flamenco viene del sur’, en el malagueño teatro Cánovas, con un recital ortodoxo, bajo el epígrafe ‘Raíces del alma’, donde reivindica la tradición y pone de manifiesto que es una de las grandes cantaoras del panorama actual, un valor seguro.
Abrió con fandangos por soleá, una delicia en su voz, prodigio de afinación, buen gusto y sentimiento, acompañada únicamente por la persución de Jorge Pérez y José Manuel Fernández. Belleza y pellizco. Por peteneras, se incorpora Miguel Ángel Cortés, que estuvo brillante como siempre y que brindó una bella falseta. Pese al mal fario que se le atribuye a este palo, máxime cuando el cantaor es gitano, la trianera lo arrostró con tremenda solvencia. Y es que, supersticiones aparte, hay que tener grandes facultades vocales, mucha sapiencia y echar el resto para salir airoso del trance. Y ella lo hizo con maestría, dibujando matices con su voz. «Es un cante precioso, me gusta mucho. Lo cantaba Pastora (Pavón, ‘Niña de los Peines‘, también gitana, como ella)», arguyó.
Acto seguido, ofrece, enhiesta, otro cante igualmente en desuso, la mariana. Elegante y soberbio, Cortés lo toca en tono de taranta; se une la percusión para remozar este cante añejo, que suena, de este modo, más moderno. Inmenso, nuevamente, el guitarrista granadino en la introducción de las malagueñas de Manuel Torre, en las que Fernández ofreció una salida con suma delicadeza, meciendo el cante, con pellizco. Estuvo colosal en la jabera, jabegote y fandango de Frasquito Yerbabuena, acelerando, en un momento dado, el ritmo de forma vertiginosa hasta el punto de asemejarse a una panda de verdiales, con lo que se ganó el aplauso del respetable.

Levantó un monumento a la seguiriya, con afinación específica por parte de Cortés y oles para ella, que le dio una profundidad abisal. ¡No se puede cantar más gitano! Momento cumbre. Cortés le permite un respiro a la trianera, que aprovecha para cambiarse de atuendo, y ofrece granaínas y bulerías de su disco ‘Bordón de trapo’, dando rienda suelta al enorme guitarrista que lleva dentro.
Vuelve ella por cantiñas de Pinini (herencia utrero-lebrijana) con bata de cola, con la que se marca una pataíta. ¡No se puede ser más flamenca! Demuestra su poderío y sapiencia en cada palo, al tiempo que se pone de manifiesto la complicidad con el guitarrista granadino.

En la caña, que Cortés introdujo por soleá por bulerías, ofreció otro momento deslumbrante. Por tangos, quiso homenajear a la Niña de los Peines y a La Repompa, amén de cantar también los tangos de Granada. Intimismo y fiesta a un tiempo en los cantes de la genial gitana malagueña. Mientras, Cortés cosechaba aplausos con sus picados. 

En la despedida, brilló por bulerías (con alguna letra de Lole y Manuel), con mención especial para Jorge Pérez y José Manuel Fernández, en la percusión y las palmas. Vuelve a cambiarse de vestido en un santiamén y, por momentos, es una palmera más, antes de darse otra pataíta con mucho ángel. Apoteósica, como Cortés; ambos sobrados de compás.



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