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Actulizado 1:25 AM UTC, Feb 23, 2024

Camarón, veinte años del mito

‘¿Pa’ qué quiero los dineros? Salud es lo que yo quiero y no la puedo comprar’, cantaba (y se lamentaba) con el profundo dolor que le causaba la enfermedad que lo consumía en el último recital que ofreció en directo, el 25 de enero del 92 en el colegio San Juan Evangelista de Madrid, grabación que vio la luz a finales de 2010 y que sobrecoge al escucharla. Unos meses más tarde, el 2 de julio, con sólo 41 años, un cáncer de pulmón segaba la vida de uno de los cantaores más geniales que ha dado el flamenco en su larga historia, José Monge Cruz, Camarón de la Isla. Nacía el mito.

Juan Verdú, responsable del Festival Suma Flamenca, se refería muy sucintamente, en el I Congreso Internacional de Flamenco celebrado en Sevilla el pasado noviembre, a la conexión que Camarón logró con las masas: “En el cante, cuando teníamos la bandera, se nos fue”. Y es que nadie puede negar que ha sido uno de los cantaores más influyentes de los últimos tiempos. De hecho, ha tenido infinidad de epígonos: Duquende, El Potito, Diego El Cigala, Antonio Reyes

Admirado por ilustres del rock dentro (Jaime Urrutia, ex Gabinete Caligari, Andrés Calamaro, ex Los Rodríguez, Rubén Pozo, ex Pereza…) y fuera (Mick Jagger, Rolling Stones) de nuestro país, quienes tuvieron la fortuna de verlo sobre un escenario aseguran que tenía algo especial. En sus propias palabras, lo que diferencia a unos cantaores de otros es que unos transmiten y otros no.

Le concedieron de forma póstuma la preciada llave de oro del cante, en una decisión controvertida de la Junta de Andalucía en su momento que el tiempo ha venido a corroborar. Uno de los rasgos más acusados de su personalidad era su timidez, propia de los grandes en cualquier disciplina. Poseía unas facultades asombrosas (una prodigiosa afinación) y un conocimiento profundo de los cantes y de los viejos maestros. Luego, aportó su sello (e incluso intentó crear un palo nuevo, la canastera), pero bebió previamente de los clásicos. ‘La leyenda del tiempo’ (1979), disco rompedor producido por Ricardo Pachón que los gitanos devolvían tras escucharlo, ha quedado como un hito en su carrera y ha influido en otros que vinieron después.

Formó junto al gran Paco de Lucía una pareja artística irrepetible que, parafraseando a cierta ministra, fue una auténtica conjunción planetaria, fruto de la cual vieron la luz un buen puñado de discos estupendos. Ni siquiera la conocida polémica de los derechos de autor emsobrece su fulgor. Luego, descubriría a Tomatito, un guitarrista que se hizo grande a su lado.

Curro Romero comentó en una ocasión, en un encuentro digital del diario El Mundo, que escuchó una vez a Camarón, al que le unía una gran amistad, cantar por seguiriyas, de madrugada, en una taberna en Triana durante la Feria de Sevilla, en la que, en un momento dado, todos lloraban y se partían las camisas…

Por último, quiero recordar otra anécdota protagonizada por el genio de San Fernando, que se encontraba precisamente en la Feria de Sevilla cantando por bulerías en una caseta mientras el mismísimo Antonio Mairena bailaba. Dos colosos del cante frente a frente. El mito cumple viente años y sigue más vivo que nunca.

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