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Actulizado 7:11 PM UTC, May 23, 2024

Argentina, ‘la ruiseñora del cante’

Argentina 1
III Bienal de Flamenco de Málaga. Cante: Argentina. Guitarra: José Quevedo ‘Bolita’. Percusión: José Carrasco. Palmas: Los Mellis y Torombo. Lugar: Castillo Sohail de Fuengirola (Málaga). Día: Sábado, 6 de julio de 2013. Aforo: Media entrada.

‘Un viaje por el cante’, su tercer trabajo discográfico, ha venido a consolidar a Argentina como lo que es, una gran cantaora con sólo veintinueve primaveras. Tras dos discos también flamencos, pero más comerciales, la onubense ha hecho una decidida apuesta por el flamenco más puro, rescatando cantes en desuso y, además, en febrero pasado, en el teatro Lope de Vega de Sevilla, daba un paso adelante al cantar copla. En esta línea de interpretar cantes añejos y coplas (en esta ocasión, canciones aflamencadas) se movió en su recital de Fuengirola. El público, que acabó enhiesto, le brindó un largo y calurosísimo aplauso, en tanto que alguien le espetaba: «Eres la ruiseñora del cante».

Abrió por tangos, con sumo gusto y sabor añejo puesto al día, pellizcando desde el inicio. En su afán por recuperar palos desusados, cantó el garrotín y, en un primer guiño a Málaga, los cantes del Piyayo, con los que evocó al malogrado Chano Lobato. Y sin solución de continuidad, su portentosa voz encuentra eco en las murallas del castillo por serranas, aderezadas con grandes dosis de percusión, en un intento -como ya hiciera en el malagueño teatro Cánovas- de hacer más digerible un cante que requiere grandes facultades, que a ella, sin duda, le sobran.

Mostró su contención y sentido del compás en las bulerías por soleá y prosiguió con una milonga (Milonga argentina) que a ratos sonaba a tango porteño, a solas con Bolita. El jerezano, amén de haberle producido sus tres discos, realizó un gran trabajo -no se olvide que el otro guitarrista que suele acompañarle, Eugenio Iglesias, no compareció al encontrarse en el Festival de Mont de Marsan-, pulcro y siempre eficaz, aunque no sea el suyo un toque espectacular.

Acto seguido, pone su torrente de voz al servicio de la caña, en un emotivo recuerdo al gran Rafael Romero ‘El Gallina’, en su línea de remozar cantes rancios, que, en su voz, suenan a recién paridos. Y si hay unos cantes de origen primitivo esos son los abandolaos -en otro guiño a la tierra que pisaba-, que hunden sus raíces en el primigenio verdial. Descolló por jaberas, no en vano su voz se ajusta como un guante a los requerimientos vocales de estos cantes.

Su cuadro le concede un merecido descanso, con Los Mellis al cante por bulerías. El bailaor Torombo ejerció de Don Tancredo y prefirió tocar las palmas a ofrecer una pincelada de su arte. Vuelve Argentina con nuevo atuendo, por seguiriyas, en una interpretación descarnada e hiriente, lo mejor de la noche. La sonanta de Bolita, ajustada y precisa.

En las cantiñas (Isla de León), belleza vetusta y salinera, con el arte y la gracia de Cai, pese a ser de Huelva; por bulerías, conquistó al respetable con las letras y melodías inconfundibles de Lole y Manuel. Interpretó un par de temas (el clásico suramericano Alfonsina y el mar y el archiconocido María la portuguesa, del añorado Carlos Cano) con mucha enjundia flamenca. Es algo distinto, como diría el Sabio de Tarifa, cuando un flamenco interpreta otros géneros. Excelsa. Precisamente, una frase de la canción de Carlos Cano (‘Dicen que fue un te quiero’) es la que da título a su espectáculo, que despidió por fandangos de su tierra, con el emotivo Calle real alosnero como momento álgido.

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