Actuaciones de altura en el VII Congreso Internacional de Peñas Flamencas

VII Congreso Internacional de Peñas Flamencas. Cante: Guillermo Cano, Alfredo Tejada y Manuel de Angustias. Guitarra: Juani Marín, Chaparro de Málaga, Paco Javier Jimeno y Antonio Moya. Baile: Úrsula Moreno. Percusión y palmas: Tete Peña. Baile y palmas: Encarni Fernández. Lugar: Hotel Sol Marbella Estepona Atalaya Park de Estepona (Málaga). Días: Viernes 17 y sábado 18 de mayo de 2019. Aforo: Casi lleno

El VII Congreso Internacional de Peñas Flamencas, organizado por la Federación de Peñas Flamencas de Málaga, deparó actuaciones de altura protagonizadas por destacados artistas flamencos, como Alfredo Tejada, Lámpara Minera en 2017, Paco Javier Jimeno, Bordón Minero en 1995, Úrsula Moreno, Manuel de Angustias y Guillermo Cano.

Abrió el fuego el cantaor onubense, que acaba de publicar ‘Nueva visión antológica del cante y toque flamenco’, con la guitarra de Paco Cruzado, felizmente recuperado para el flamenco tras un tiempo retirado de los escenarios por motivos personales. Cano se templó por milonga, con Juani Marín, de Fernán Núñez, al toque. Pellizcó por soleá, prosiguió por guajiras y dijo adiós por fandangos.

Paco Javier Jimeno, que acumula infinidad de galardones amén del citado anteriormente, como el prestigioso Premio Nacional Manolo de Huelva del XIV Concurso Nacional de Córdoba o el Giraldillo del Toque de la Bienal de Sevilla de 1998, erigió un monumento por malagueñas y abandolaos (verdiales estilo Los Montes). Los vellos como escarpias. Le había brindado la pieza a su madre y a Chaparro de Málaga, “otra bandera”. El esteponero, con la guitarra Maldonado que le regaló su padre cuando tenía catorce años, interpretó acto seguido una zambra dedicada a su maestro Antonio Morilla, discípulo directo de Niño Ricardo, y a su pareja artística y vital Ana Fargas con la que puso al público en pie.

Turno para Alfredo Tejada, cantaor malagueño criado en Granada que presentó recientemente, también en Estepona, su disco ‘Sentidos del alma’, en el marco de la VI Bienal de Málaga. Curtido en el cante para atrás, la obtención de la Lámpara Minera en 2017 supuso un punto de inflexión en su carrera y le ha situado más cerca del lugar que le corresponde en este arte. Principió por soleá, arropado por Chaparro, otra de las grandes guitarras malagueñas. Continuó por alegrías salineras, pellizcando en los tonos bajos. Y de la luz y el gozo a la noche oscura del alma de las seguiriyas, profundísimo.

La guinda a su recital y a la noche del viernes fue un cante por caña para el baile de Úrsula Moreno, con Paco Javier Jimeno a la sonanta. Tres maestros, cada uno en lo suyo, cante, baile y toque, como demostraron además en sus respectivas clases magistrales paralelas al congreso. Un lujo.

El protagonismo de la noche del sábado fue para Manuel de Angustias y para el añorado Bambino, su tío, al que evocó durante su actuación, pero también previamente en un amenísimo e interesantísimo mano a mano con Gregorio Valderrama.

El utrerano quiso homenajear a Bambino, imprimiendo su sello eso sí, para conmemorar el vigésimo aniversario de su fallecimiento. Repasó algunos de los éxitos de aquel: Corazón loco, pase taurino incluido con su chaqueta, otro guiño a su tío; la rumba Adoro, una delicia; o Payaso, otro temazo, la desolación hecha canción por bulerías; con la guitarra flamenquísima de Antonio Moya, el toque inconfundible de los bongos de Tete Peña y las palmas y el baile de Encarni Fernández.

Manuel de Angustias salpicó su recital de anécdotas impagables de su tío, alguna propia y otras de Bernarda de Utrera, quien le espetó tras enfadarse con Bambino: “Tú sí que cantas bien; él canta gracioso”. Interpretó también algunos de sus clásicos, como Cobarde, y ofreció en primicia un adelanto de su nuevo disco, ‘Me niego a creer’, de Tate Montoya, hijo de Enrique Montoya; en la onda del mejor Bambino y la mejor versión de sí mismo.

Dijo adiós con Nadie se lleva nada y El poeta lloró, con Fernández al baile, pero ante la insistencia del respetable, ofreció un cuplé por bulerías de Utrera, incluido Lágrimas negras, que grabó su abuelo antes que El Cigala; y el bolero Mira que eres linda, de Machín. El público, enhiesto, le rindió una merecida ovación.

Fotos: Juan Recio y C. Brías Fotografía Flamenca.
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