María Moreno paró el tiempo por soleá

Ciclo ‘Flamenco Viene del Sur’ 2019. ‘De la concepción’ Baile: María Moreno. Cante: Enrique el Extremeño y Pepe de Pura. Guitarra: Óscar Lago. Palmas: Roberto Jaén. Percusión: Javier Teruel. Lugar: Teatro Alhambra de Granada. Día: Lunes, 18 de marzo de 2019. Aforo: Lleno (300 personas).

‘De la Concepción’ es el espectáculo que presentó María Moreno el pasado lunes en el Teatro Alhambra de Granada, en una nueva entrega del ciclo ‘Flamenco Viene del Sur’ 2019. Con la dirección escénica de Eva Yerbabuena y la dirección musical de Andrés Marín, Moreno y el elenco de acompañantes proporcionaron una representación de grandísima calidad.

De espaldas al escenario, tapando y destapando con su vestido una proyección que representa un parto, su concepción, surge de la oscuridad la bailaora gaditana que, por seguiriyas, impacta nada más girarse y mostrar su expresión. Se empieza a vislumbrar una velada inolvidable.

Un acorde interminable a modo de colchón musical sirve para el cambio de vestuario en un rincón del escenario. No hay tiempo que perder. Los acompañantes cambian su ubicación acercándose cada vez más al público.

La soleá que interpreta Moreno es una clase magistral de baile flamenco. La gaditana para el tiempo, estática, sube sus manos con lentitud, inmóvil el resto del cuerpo, concentrada, poseída por los duendes, las musas y el arte. La expresión de su cara, la mirada penetrante, intensa, casi con rabia, los giros, los braceos, los taconeos, todo es puro en esta artista, que transmite la esencia del baile como hacía tiempo que no se veía.

El acompañamiento de cante, guitarra y percusión está a la altura y contribuye a recrear la magia que solo el flamenco sabe transmitir, esa magia que atrapa a quien se acerca con curiosidad a esta riquísima manifestación cultural.

En el baile por cantiñas, cambia totalmente la expresión, pasa del drama a la alegría, de la pena al regocijo, de la oscuridad a la luz. El público, repleto de bailaoras y de aficionados, a estas alturas de la velada se desata en elogios a cada lance del baile. Se palpa en el ambiente la conexión total entre artista y espectadores. Mientras Pepe de Pura le canta, Enrique el Extremeño no para de animarla a que baile y que baile y que baile, como si necesitase que la animen. Esta chica sabe estar en un escenario y sobre todo sabe transmitir. Es clásica y vanguardista a la vez, sabe bailar rápido y despacito. Hoy en día, que se baila tan deprisa, se echaba de menos ese reposo, ese recrearse en el movimiento, bailar con las manos, bailar con los pies, bailar con la cara, bailar con la mirada, con todo el cuerpo, sin prisas y con pausas, por qué no. El silencio es una parte esencial de la música y está infravalorado.

Con una bata de cola rosa de organza de cristal y siete u ocho volantes y un enorme mantón, se despide Moreno, con un fandango en la voz de Rocío Jurado y un pasaje en el que baila sin música (ni siquiera la necesita), con la ovación del público tan larga casi como el propio espectáculo. Atentos a esta bailaora porque va a dar mucho que hablar.

Fotos: Paco Lobato
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