El Cabrero, carismático, cercano, reivindicativo y ocurrente

68 Festival de Música y Danza de Granada. ‘Ni rienda ni jierro encima’. Cante: El Cabrero. Guitarra: Manuel Herrera. Lugar: Plaza de los Aljibes de la Alhambra de Granada. Día: Miércoles, 10 de julio de 2019. Aforo: Lleno (850 personas).

Caminando hacia la Alhambra, dispuesto a ver el espectáculo de El Cabrero, me asaltan un montón de recuerdos sobre este mítico cantaor. Cuando la dictadura franquista tocaba a su fin, había un nutrido grupo de cantaores muy reivindicativos entre los que sobresalían Enrique Morente, José Menese, Manuel Gerena, Paco Moyano, Juan Peña El Lebrijano y, cómo no, El Cabrero. Eran los cantaores antifranquistas a los que yo admiraba. Además, El Cabrero tenía un carisma especial, porque lo metieron en la cárcel, comentaban que por cagarse en Dios. En aquellos tiempos que metieran a alguien en la cárcel por ejercer la libertad de expresión era como meter un gol de chilena; lo más.

Ya sentado en mi localidad, veo cómo, con bastante puntualidad, aparece en el escenario un enjuto cantaor vestido de negro de arriba abajo, incluido sombrero y con un pañuelo rojo, muy rojo. Lo acompaña un servicial guitarrista que estuvo pendiente del maestro hasta el punto de recordarle en varias ocasiones que debía beber agua.

Carismático, cercano, reivindicativo y hasta ocurrente se mostró El Cabrero, que empezó por soleá. No tiene un registro de voz muy amplio, pero lo administra bien, se concentra y transmite con mucho sentimiento lo que piensa. Sus letras son contundentes y arremete contra el clero, la monarquía, la banca y los terratenientes. Manuel Herrera tiene un toque clásico y enérgico y exhibe un repertorio de falsetas que recuerdan a los más grandes acompañantes del cante del pasado. Se nota que ha rasgueado mucho.

Por serranas, el cantaor sevillano ensalza la naturaleza, dejando su impronta de hombre de campo; y por fandangos, muestra su faceta más ideológica. Cada verso es respondido con una sonora ovación por gran parte de un público que se identifica con sus quejas. Se adentra en una siguiriya del Loco Mateo y con aires de tango argentino, en clave de copla por bulerías, nos deleita con su famosa versión del Orejano de Horacio Guarany.

Reflexiona sobre la humanidad por malagueñas, diciendo que el mar presume de hondura/el tiempo de su saber/la tierra de su estatura/y el hombre no sé de qué. Con letra de Horacio Guarany nuevamente, uno de sus referentes musicales, entona a modo de tanguillo con deje sudamericano un canto a la libertad y, refiriéndose al carcelero, dice: Murió con un ojo abierto/Y nadie pudo cerrarlo. Le regalé una paloma/Al hijo del carcelero/Cuentan que la dejó ir/Tan solo por verle el vuelo. 

Y acabó por fandangos, con la canción Luz de luna y con más fandangos. Los críticos de El Cabrero lo acusan de fandanguero, pero es que este palo encaja perfectamente con sus letras, que denuncian las injusticias mundanas o simplemente ensalzan la libertad. Sus letras no tienen límite. No se corta un pelo el maestro y es capaz de decir por fandangos cosas como: Coronaron de espinas al pobre de Jesucristo/los hijos de la gran puta/es pa’ cagarse en sus muertos. Contundente.

José Domínguez El Cabrero se bate en retirada, en lo que está siendo su última gira, y se retirará al campo, con sus animales y le cantará a los árboles, a la tierra y a la libertad.

Fotos: Festival de Granada / Fermín Rodríguez

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