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El Festival Torre del Cante rinde homenaje a Gonzalo Rojo

LII Festival Torre del Cante. Cante: Antonio Reyes, Crespo Zapata, María Terremoto, Reyes Carrasco y Raquel Salas. Guitarra: Nono Reyes, Manuel Herrera, Nono Jero, Rubén Lara y Mané Ortega. Coros: María José Carrasco. Compás: José Luis Vargas, José Carrasco, Javi Peña, Manuel Cantarote, Manuel Vinaza, Ramón Reyes y Juan Diego Valencia. Baile: Cuadro Flamenco de Luisa Palicio (Cante y compás: Ezequiel Montoya y José Pechuguita. Guitarra: Jesús Rodríguez. Baile: Luisa Palicio). Presentan: Gonzalo Rojo y Manuel López Mestanza. Lugar: Finca Municipal El Portón de Alhaurín de la Torre (Málaga). Día: sábado, 20 de junio de 2026. Aforo: Completo.

El cartel de esta edición, obra de María Jesús Solla, está dedicado a José Domínguez El Cabrero. A este cantaor, fallecido el pasado 13 de mayo, hicieron mención los presentadores, que también recordaron la figura de Fosforito.

El rasgueo de guitarra de Mané Ortega acompaña el atardecer en la Finca El Portón, dando entrada al cante de Raquel Salas por malagueñas. «Se me apareció la muerte// cuando intenté olvidarte,// pero como la vida es tan amable// yo volví de nuevo a quererte». La de Bollullos remata por abandolao. Salas fue la ganadora este año del Concurso Mirando a la Torre. Sin duda una de sus armas es el poderío de su voz, de la que da muestras trayéndonos un cante que, por desgracia, no se prodiga mucho en los festivales: la caña. Luego suena una granaína y media granaína: «Se fue perdiendo la Alhambra// con el llanto de mis ojos…». Y con fandangos de su tierra onubense, con el compás de José Luis Vargas y José Carrasco, remata la faena, con el público puesto en pie.

De la localidad de Los Palacios llega Reyes Carrasco, acompañada a los coros por María José Carrasco. Por alegrías da comienzo su actuación. Suena serena y solemne la seguiriya: «Mírame a los ojos// hágame usted el favor,// que mis ojitos camelan decirte// la verdad de tó». Enlaza con tangos, bien conducidos por la virtuosa guitarra del malagueño Rubén Lara. Las palmas y jaleos de Javi Peña y Manuel Cantarote calientan el ambiente. Y prosigue el ritmo frenético: «Yo tiré un limón por alto…» El cambio de tercio viene ahora con una malagueña rematada por abandolao. Anuncia Reyes su despedida por bulerías, pero ante la insistencia del público, que disfruta del arte de la joven cantaora sevillana, va a finalizar con fandangos.

Sube ahora al escenario Emiliano Domínguez, cantaor que habiendo experimentado con otras músicas, incluido el rock, ha desembocado en el flamenco, donde siempre estuvieron sus fuentes. Sus cantes esta noche destilan la esencia de su padre: El Cabrero. Aquí tenemos a Crespo Zapata, que con voz rota interpreta una seguiriya de Juan Talega. Al finalizar ésta, uno de los presentadores, Manuel López, anuncia a los asistentes la buena nueva de que el Málaga acaba de ascender a Primera División; noticia recibida con un prolongado aplauso por todos. Y sin pausa continúa la fiesta del cante. El Cabrero hizo popular un soneto del escritor argentino Borges; así, interpretado con profundo respeto y sentimiento escuchamos «…La mojada tarde me trae la voz,// la voz deseada de mi padre// que vuelve y que no ha muerto». Prosigue la jondura con una soleá de Alcalá. Luego llegan los fandangos, el último de ellos con letra dedicada a su padre. No podía faltar la bulería Luz de luna. Se luce la guitarra de Manuel Herrera. Y vuelven unos fandangos en los que aflora el cante más reivindicativo, con letras dedicadas a la bandera arcoíris o al tomate, en el que denuncia la especulación con los precios de los productos del campo.

La noche alhaurina nos tiene reservado un momento muy especial. Manuel López Mestanza realiza la semblanza de un flamencólogo de Coín, conocido por todo el universo flamenco: Gonzalo Rojo. Hombre entrañable que lleva presentando este festival, nada más y nada menos que cincuenta y un años, y que hoy, a sus ochenta y nueve años, se despide de este escenario. El alcalde, Joaquín Villanova, le entrega la Medalla de Oro de Alhaurín y el presidente de la Peña Torre del Cante, Antonio Sánchez, obsequia al homenajeado con una placa conmemorativa.

Llega la hora del baile y ahí tenemos a Luisa Palicio, que viene acompañada al cante y compás por Ezequiel Montoya y José Pechuguita y la guitarra de Jesús Rodríguez. Con traje y mantón blanco inmaculado hace su aparición la bailaora esteponera. «El baile ha formado parte de mi vida desde que tengo uso de razón», le oí decir en una ocasión. Y esa dedicación y experiencia es la que muestra cada vez que pisa un escenario. Por alegrías hace bailar su mantón con gracia y soltura. El sonido de sus zapatos rozando las tablas rompe el silencio de la noche. Y luego el consabido taconeo. Los cantes de trilla, interpretados por Ezequiel y José dan tiempo a que la bailaora aparezca con bata de cola negra para dar vida a los tarantos. Giros, taconeo, braceo… todo en Luisa es elegancia. Un percance altera la noche, una espectadora sufre un desvanecimiento y los artistas, una vez que son advertidos de ello, paran su actuación. Ya no volverán a salir a escena, pero, gracias a Dios, esta espectadora se recuperó tras ser asistida.

Antonio Reyes entra entonces en acción, viene acompañado con la guitarra de su hijo, Nono Reyes, y las palmas de Manuel Linaza y Ramón Reyes. Por tientos comienza su cante: «A rosas, a claveles, alhelíes// se te pone la cara, flamenca mía, cuando te ríes…» En las alegrías muestra su compás y estilo inconfundible; muy bien acompañado por Nono. Pocos palos llenan tanto el corazón flamenco como la seguiriya; el de Chiclana es un maestro en este cante: «No quiero a naide// con los ojitos de mi pare// tengo yo bastante». Cante y toque alcanzan su punto álgido. Bulerías y fandangos ponen fin a una actuación magistral. «El cante es sentimiento. Si el cantaor no siente lo que está haciendo, difícilmente va a transmitir nada a nadie». Reyes, una vez más, es coherente con su manera de entender el flamenco.

Y para cerrar este prestigioso festival tenemos a María Terremoto. De ella se ha dicho que es uno de los grandes exponentes del panorama flamenco actual. Comienza con una soleá por bulería. En los tangos hace un guiño a La Repompa: «En el cristal de mi copa tu cara se reflejó…» Su torrente de voz impregna cada rincón del auditorio. La guitarra de Nono Jero nos lleva a los fandangos. Y la hija de Fernando Terremoto nos trae aires festeros, con la complicidad de los palmeros Juan Diego Valencia y Manuel Cantarote en unas bulerías que nos recuerdan a Lole y Manuel. «…Si yo pudiera mover// las manillas del reloj del tiempo// estaría a tu verita// en este momento». Buen fin de fiesta con baile de los palmeros y pataíta de la cantaora. Sin duda, hemos podido disfrutar de una gran noche flamenca en El Portón.

Fotos: Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre.

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