Moraíto Chico, Hijo Predilecto de Jerez a título póstumo desde este sábado

Foto Moraíto Chico
Un año después de que el pleno municipal del Ayuntamiento de Jerez le concediera a Manuel Moreno Junquera ‘Moraíto Chico’ el reconocimiento de ‘Hijo Predilecto a Título Póstumo’, el Consistorio lo hará oficial en un acto que tendrá lugar el próximo sábado, a partir de las 19.00 horas, en el Cabildo Viejo.

El inicio del expediente comenzó el 18 de noviembre de 2011, unos meses después de su fallecimiento, si bien no fue hasta el 26 de octubre de 2012 cuando el pleno aprobó dicha concesión por “sus excepcionales valores artísticos y humanos”.

Anteriormente, el 4 de abril del pasado año, el Consistorio rotuló la calle Barrera, en la que vivió el guitarrista, con su nombre, pasando a denominarse calle Moraíto Chico.

La bailaora Isabel Bayón, Premio Nacional de Danza

Isabel Bayón
La bailaora Isabel Bayón (Sevilla, 1969) ha obtenido, en la modalidad de interpretación, el Premio Nacional de Danza correspondiente a 2013. Este galardón, que concede anualmente el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, está dotado con 30.000 euros. El jurado se lo ha concedido “por la calidad y pureza de su baile, y la puesta en valor del flamenco de raíz, junto con su valentía para interpretar los lenguajes más arriesgados del flamenco actual, ampliando constantemente sus registros habituales”. Bayón fue alumna aventajada de Matilde Coral, maestra de la escuela sevillana. El premio en la modalidad de creación, con idéntica cuantía, ha recaído en el coreógrafo Marcos Morauel.

Flamenco y humor, acertada propuesta de El Sevilla

El Sevilla y el ballet flamenco de Juana La Coja en Benalmádena‘El Sevilla y el ballet flamenco de Juana La Coja’. Introducción: Carolina Castro (Caroline). Narrador: Miguel Ángel Rodríguez ‘El Sevilla’. Baile: Vanesa Cortés (Juana La Coja), Mónica Ramos (La Vellúa), Gema Alarcón (La Pelúa), David Santos (Tom), Enrique Vicent (Jerry) y Eva Sedeño. Cante: Ismael Tamayo. Guitarra: Carlos Haro y José Antonio Rojas. Percusión: Juanma Lucas. Lugar: Teatro Fortuna del Hotel Torrequebrada de Benalmádena (Málaga). Día: Sábado, 26 de octubre de 2013. Aforo: Lleno.

Flamenco y humor, combinación aparentemente antitética que se traduce en una acertada propuesta de El Sevilla, son los ingredientes fundamentales del espectáculo que el líder de Mojinos Escozíos produce -junto a Manu Sánchez- y protagoniza. Tras una graciosísima introducción por parte de Carolina Castro, El Sevilla toma el relevo como narrador de la obra y, mientras se viste, Ismael Tamayo canta un martinete, toda una declaración de intenciones.

A lo largo del montaje, se alternarán atinadamente los hilarantes monólogos de El Sevilla con pinceladas flamencas de toque (a cargo de los solventes guitarristas Carlos Haro y José Antonio Rojas), cante (de Tamayo) y baile de los distintos personajes que irán desfilando por las tablas del teatro Fortuna. Así, con un monólogo recitado con la extraordinaria guitarra de Haro como base, introduce la historia de amor que los espectadores van a presenciar a continuación. Ingredientes como el humor -verbigracia una bata de cola interminable- y la sensualidad, en el baile y en los comentarios del narrador, mantienen vivo el interés del espectador.

Se trata, pues, de un espectáculo muy dinámico que trata grandes temas de la historia de la humanidad, como el amor, el desamor y la soledad, de una manera desenfadada pero con la carga de profundidad requerida. Obviamente, el Sevilla es el centro, pero ha sabido roderase de un brillante elenco de jóvenes artistas que rayan a gran altura.

Tamayo, con un gusto exquisito, interpreta unas alegrías a un ritmo más lento, para, acto seguido, trufarse de ¡reggaeton! En ciertos momentos, la obra recuerda a ‘La gloria de mi mare’, de la bailaora Choni Pérez García, en la que también se narra una historia en tono de humor con el flamenco como recurso.

En un momento dado, una de las bailaoras canta por Bambino, en tanto que Juana La Coja baila sorpresivamente, pese a su cojera. “El amor es como una droga dura, cuanto más te consume, más te tortura”, espeta El Sevilla, mientras el respetable asiste a momentos de belleza impar. Suena Todo es de color (Lole y Manuel en el recuerdo) en un baile a dos. Para el desamor, sones de ida y vuelta. Para la infidelidad, soul (el clásico Let’s, get it on, del gran Marvin Gaye), con la voz profundísima, cuasi negra, de Tamayo.

“Lo malo no es querer y no ser correspondido, es no querer ni haber querido nunca a nadie”, sentencia El Sevilla. Despedida coral, con los tangos Yo vivo enamorao, de Camarón. Entre los asistentes, a los que la hora y media se les ha pasado en un suspiro, Jesús Gámez, futbolista del Málaga.

 

La magia de Vicente Amigo

Vicente Amigo
III Bienal de Flamenco de Málaga. Guitarra: Vicente Amigo y Añil Fernández. Cante: Rafael de Utrera y Antonio Cherokee. Percusión: Paquito González. Batería: Patricio Cámara. Violín: Alexis Lefevre. Flauta: Agustín Carrillo. Bajo: Juanma Ruiz. Lugar: Plaza de toros de la Malagueta (Málaga). Día: Jueves, 12 de septiembre de 2013. Aforo: Media entrada.

Su presentación ante el público (“Vamos a echar un ratillo bueno, con eso me conformo. Un abrazo para todos. Gracias por estar aquí”) y su gesto con la prensa gráfica (permitió fotos en los temas en que estaba acompañado por su grupo y no en el de apertura, en que se hallaba solo) denotan cómo es Vicente Amigo, grande y humilde. Un virtuoso con alma que ha logrado fusionar exitosamente el flamenco con la música celta en su último disco, ‘Tierra’, cuya gira de presentación recaló en Málaga. Fue una noche mágica en el coso de La Malagueta con un maestro de la tauromaquia como testigo de excepción, su amigo José Tomás, al que le brindó (sin dirigirse a él; el de Galapagar prefiere pasar desapercibido) bellas melodías y alguna letra (“El artista que yo quiero, ni músico ni pintor, se llama José y es torero”).

Abrió su recital por taranta, que curiosamente cambió a soleá y remató por bulerías. ¡Qué elegancia  y qué gusto más exquisito! Uno no puede menos que escucharlo embelesado. Un deleite para los sentidos y para el alma. Toda una declaración de intenciones. Ya con su cuadro al completo, interpretó sus Tangos del Arco Bajo. Amplía la paleta de colores con la que colorea sus temas con los matices que le aportan sus músicos, entre quienes destacan el persucionista Paquito González y Rafael de Utrera, que ofreció alguna pincelada de su arte con su vozarrón característico, profundísimo y flamenquísimo.

Productor de éxito (José Mercé, El Pele o Remedios Amaya pueden dar fe de ello), ha sabido combinar sabiamente la bella musicalidad netamente flamenca de su guitarra con la sonoridad celta. Y la plasmación de estas nuevas composiciones en directo (la producción del álbum corre a cargo de Guy Fletcher, teclista de Dire Straits), como la pieza que da título al disco, es magia pura. Se muestra dulce e íntimo, pero también agreste y contundente, según lo requiera la tesitura.

En un momento dado, le pidió a sus subalternos (con su particular humor) que lo dejaran solo sobre el escenario para tocar por Levante. Es redundante aseverar que hace bello todo lo que toca. Como él mismo dice, y practica, los silencios también son música. Alternó esos momentos preñados de un halo de misterio con picados furiosos.

Amén de José Tomás, egregios flamencos malagueños como los bailaores Carrete y Luisa Chicano, el cantaor Chato de Málaga o el guitarrista Andrés Cansino, entre otros, se dieron cita para ver a este grande de la sonanta que también se atrevió a cantar un bello e intimista tema (Canción de Laura) de su último trabajo. Sin poseer una gran voz, es capaz de emocionar. Tras ofrecer una pincelada del Concierto de Aranjuez, del maestro Rodrigo, se despidió por bulerías, en que Rafael de Utrera le brindó varias letras a José Tomás. Brillante colofón a una noche mágica, que aún depararía un bis muy solicitado por un público agradecido.

Miguel Poveda, poesía, cante, copla y mucho más

Miguel Poveda1 DCante: Miguel Poveda. Guitarra: Chicuelo y Carlos Grilo. Palmas y coros: Luis Cantarote y Carlos Grilo. Palmas y cante: El Londro. Baile: La Lupi. Percusión: Paquito González. Lugar: Castillo Sohail de Fuengirola (Málaga) Día: Sábado, 31 de agosto de 2013. Aforo: Lleno.

Nadie duda ya que Miguel Poveda es, por méritos propios, el número uno del escalafón flamenco actual, capaz de llenar recintos como el castillo Sohail de Fuengirola, en el que ofreció, como novedad, una primera parte en la que recreó composiciones poéticas de Miguel Hernández, Lorca y Ángel González, para ofrecer, a continuación, cante puro y duro y su visión particular de la copla. El público, después de tres horas de recital, salió encantado y con ganas de más.

Principió, como digo, con adaptaciones flamenquísimas de obras de tan egregios poetas, apoyado en el elegante piano de Joan Albert Amargós. Chicuelo, excelso a la guitarra, acompañado sabiamente por Luis Cantarote, Carlos Grilo y El Londro, a las palmas, y Paquito González, a la percusión, tocó unas bulerías, inmejorable transición a la parte flamenca, que sonaron y supieron a gloria bendita.

Vuelve Poveda por alegrías (Serafino), con un homenaje en la letra a Camarón, Pericón, La Perla y Aurelio Sellés, en tanto que La Lupi hace su primera aparición con bata de cola y su gracia, arte y talento habituales. Prosigue con la malagueña de la Peñaranda, muy sentida, que remata por rondeñas y fandango de Lucena, en los que se muestra más íntimo que agreste.

Por tangos, pellizcó y ofreció un nuevo guiño a Málaga con los de La Repompa, si bien fue en los de Triana en los que, enhiesto, se dio una pataíta y brindó su habitual, pero no por ello menos espectacular, duelo interpretativo con La Lupi, con el que llena el escenario y va más allá.

Por Levante, buscó el intimismo que le brinda Chicuelo, enorme, que, sorpresivamente, cedió el testigo al palmero Carlos Grilo para que acompañara con solvencia al de Badalona con la sonanta por soleá, en la que éste expresó un emocionado recuerdo a su padre. Y de la tristeza al Todo es de color, de lLole y Manuel, y a unas letras por bulerías en las que evocó a Camarón.

Una elegante pieza instrumental de Amargós dio paso al tercer acto, en el que Poveda hizo un repaso a las coplas cuya interpretación lo han hecho tan popular (la mismísima Marifé de Triana le dio en su día su bendición en un programa radiofónico): La senda del viento, A ciegas, Y sin embargo, te quiero, En el último minuto, Dime que me quieres o Los tientos del cariño. Se desgañitó, entregándose al cien por cien, tras su reciente afección de garganta, entrega que el público, rendido a sus piés, le agradeció.

Pese a todo, se reivindicó como cantaor (“Mucha gente me ha conocido por la copla, pero yo antes soy flamenco”), volvió a rememorar a Camarón con La leyenda del tiempo, y, ya en los bises, no podían faltar Alfileres de colores (apoteósico), Esos cuatro capotes, en que El Londro canta y él baila por bulerías, La bien pagá, Bravo (Bambino en el recuerdo) y, por supuesto, Mis tres puñales, solicitadísima. Espectacular.

El cetro flamenco de Paco de Lucía

Paco de Lucía Marbella 2Starlite Festival. Guitarra: Paco de Lucía y Antonio Sánchez. Cante: David de Jacoba y Rubio de Pruna. Baile: Antonio Fernández Montoya ‘El Farru’. Bajo: Alain Pérez. Armónica y teclados: Antonio Serrano. Percusión: Piraña. Lugar: Cantera de Nagüeles en Marbella (Málaga). Día: Jueves, 15 de agosto de 2013. Aforo: Lleno.

Paco de Lucía sigue en posesión, por méritos propios, del cetro flamenco. Respetado y venerado por flamencos y no flamencos, su trayectoria lo avala como el gran renovador de la guitarra flamenca. Y a sus 65 primaveras prosigue con sus giras internacionales, la última de las cuales recaló en la cantera de Nagüeles, escenario natural privilegiado y con el glamour de la noche marbellí. Con todo el papel vendido, brindó una noche memorable.

Como ya es habitual en él, principió con la rondeña, íntimo y solo ante el peligro. Mito viviente de este arte, se mantiene en un estado de forma admirable -toca con el nervio y el entusiasmo de un jovenzuelo- pese al peso de la edad, que también le ha dejado el poso de la sabiduría, amén de su genio y talento particulares e inigualables. En las bulerías por soleá dedicadas a su hija Antonia, se incorporan cantaores, bailaor y percusión para hacerle el compás.

Consigue llevar al éxtasis al respetable con su virtuosismo rítmico y el de sus acompañantes, ya con el cuadro al completo -se suman la segunda guitarra, teclados y bajo-. Una delicia, ungüento milagroso, árnica para el alma herida. Suena inconfundible su bulería Volar, en la que sobresale la armónica de Antonio Serrano. David de Jacoba, voz gitana, flamenquísima, va creciendo junto a Paco; buena sombra le cobija. Voz muy flamenca también la de Rubio de Pruna, que cubre la ausencia de Duquende, epígono señero de Camarón. Ambos cantaores son de estética camaronera, muy del gusto del genio de Algeciras.

No quisieron perderse el recital nombres ilustres de este arte como el guitarrista Cañizares, que acompañó en su día a Paco, el bailaor Carrete o el cantaor Chato de Málaga, entre otros. Asistieron al baile racial y viril de El Farru en la bulería Patio Custodio; breve (se le rompió un tacón), pero intensísimo, pura celebración de la vida. Emoción a raudales.

Uno de los méritos indudables de Paco de Lucía ha sido convertir determinadas composiciones suyas en temas reconocibles para los no flamencos. Verbigracia, los tangos Cositas buenas, que daban título a su último álbum de estudio hasta la fecha. Curiosamente, enlaza la seguiriya Lagartijo, con una soleá. Vuelve El Farru por sus fueros con su baile de pellizco; pontifica y sólo admite un amén. Tremendamente espectacular, efectivo y efectista. Eléctrico. Logra el aplauso con pasmosa facilidad. Es el suyo un baile dinástico, no se olvide que es nieto del gran Farruco.

Se despide con una rumba, inicialmente más reposada y desatada  después; virtuosismo muy aplaudido, como el solo de armónica del inconmensurable Antonio Serrano. Mantiene un excitante y brillante duelo con su sobrino Antonio Sánchez, que crece a su lado y al que parece querer darle la alternativa.

El público, enhiesto, le solicita un bis, tras agasajarlo con un largo y cálido aplauso. Y el genio de Algeciras, como acostumbra, lo agradeció con Entre dos aguas, irreconocible en su comienzo. No tardó en oírse el clamor de los presentes al sonar los acordes inconfundibles de este hit del flamenco. Difícil no emocionarse.

Flamencos de arte

Manuel Molina2
III Bienal de Flamenco de Málaga. ‘Raíces’. Cante: Mari Peña, Luisa Muñoz, Vicente Gelo y Manuel Molina. Guitarra: Paco León, Paco Cepero, Antonio Moya, Paco Iglesia y Manuel Molina. Baile: Carmen Ledesma. Percusión: Chicharito y Paco Vega. Violín: Sophia Cuarenghi. Lugar: Auditorio La Paloma de Benalmádena (Málaga). Día: Viernes, 9 de agosto de 2013. Aforo: Media entrada.

Hay toreros de arte -Curro Romero, Rafael de Paula, Morante de la Puebla…- y también flamencos de arte, aunque pueda resultar un poco redundante, pues el flamenco es un arte en sí mismo. A las pruebas me remito: por las tablas del auditorio La Paloma de Benalmádena desfilaron figuras egregias como Paco Cepero, Mari Peña, Carmen Ledesma y Manuel Molina. Todos dejaron muestras palpables de lo que digo, en un espectáculo, bajo el epígrafe ‘Raíces’, creado ex profeso para la Bienal de Málaga.

Paco Cepero, uno de los grandes de la guitarra de acompañamiento, amén de haber compuesto para figuras como Rocío Jurado, Chiquetete, Camarón y La Paquera, entre otros, ofreció, en este caso, un estupendo recital como concertista, acompañado por Paco León, como segunda guitarra; Chicharito, a la percusión; y Sophia Cuarenghi, al violín. Dos palabras lo definen: pureza y dulzura. Es artesano y orfebre de dulces melodías, un virtuoso con alma. Ora rumbas, ora tanguillos y siempre soniquete de Jerez, especialmente por bulerías. Su guitarra habla y dialoga con sus subalternos. Le dedicó una bellísima pieza (Capricho), de su disco ‘Abolengo’, a las mujeres; tocó por seguiriyas “para no olvidarnos de nuestras raíces” y se despidió con su conocida rumba Agua marina, “mi buque insignia”.

De Jerez a Utrera –Angelita Montoya se cayó finalmente del cartel por un problema de salud-, con el cante visceral y telúrico de Mari Peña, emparentada con el mítico Pinini. Su marido, Antonio Moya, estuvo brillante, como en él es habitual, y al servicio del cante. Por tientos-tangos, pellizcó, diciendo el cante despacito, a la antigua usanza, con un guiño a Málaga en los cantes del Piyayo. Prosiguió con una soleá muy sentida, pellizcando. Tiene una voz diferente, muy personal. Haciendo honor al título del espectáculo, bebe directamente de la raíz del cante. Por fiesta, siguiendo la tradición utrerana, deleitó al respetable con unos deliciosos cuplés por bulerías. ¡Cuánto arte y flamencura! Dulce desgarro.

Turno para el baile antiguo y de pellizco de Carmen Ledesma, de la cava de Triana. Elegante y sutil a la par que racial y desbocada. Acompañada por Vicente Gelo, al cante; Paco Iglesia, al toque; y Paco Vega, a la percusión, resultó espectacular su dúo con el cantaor. Belleza y sentimientos a flor de piel. En el adiós, bulerías con el cuadro arropándola. Transmite sin grandes alardes técnicos, ni falta que le hacen.

Sobrina de Antonia ‘La Negra’, de la dinastía de los Montoya, Luisa Muñoz posee una voz gitana, con su eco característico, inconfundible, y flamenquísima. Esta cantaora malagueña de adopción -pues nació y se crió en Francia- abrió por romeras y alegrías, continuó por seguiriyas, en las que evocó al gran Manuel Torre, y se despidió por bulerías, sobrada de compás y facultades, con bellos cuplés.

La guinda a una noche de flamenco de arte la puso el esperado y celebrado Manuel Molina. A solas con su guitarra y completamente de blanco, este trovador flamenco es un heterodoxo, ya desde los tiempos en que formó Smash, junto a Gualberto, y, posteriormente, Lole y Manuel, inolvidable dúo junto a Lole Montoya. Jaleado y vitoreado desde el comienzo de su actuación, fue desgranando letras sentidas y sentenciosas, también humorísticas. Todo cabe en él; eso sí, hay que escucharlo con oídos desprejuiciados. Lo que en él es arte puro en otro serían puros desvaríos, una excentricidad. Como muestra de su talento, un botón: “Que nadie vaya a llorar cuando yo muera, es más hermoso cantar”. Aún habría lugar para un fin de fiesta por bulerías, con Luisa Muñoz, Mari Peña y Carmen Muñoz como protagonistas, con el que se cerró una gozosa noche de arte.

Manolo Sanlúcar dice adiós a los escenarios

Manolo Sanlúcar - Foto Fundación Cueva de Nerja

Foto: Fundación Cueva de Nerja

Manolo Sanlúcar dice adiós a los escenarios. Así lo anunció, el pasado sábado, tras su actuación junto a la Orquesta Sinfónica de Málaga, en el marco de la III Bienal de Flamenco de Málaga y como cierre al Festival de Música y Danza de la cueva de Nerja, con su obra Medea, sinfonía que escribió para el Ballet Nacional de España en 1984. “Dejo la guitarra a partir de hoy. He estado esperando para despedirme con un público andaluz y hoy lo hago. Estoy contento y orgulloso de despedirme de toda España desde aquí, en Málaga”, aseveró -visiblemente emocionado- sin profundizar en los motivos que le han llevado a tomar esta decisión.

No obstante, el guitarrista gaditano tiene todavía algunos conciertos comprometidos en el extranjero desde el pasado año que cumplirá antes de su retirada definitiva. Además, según comentó en Onda Cero en los días previos a su actuación en Nerja, se halla inmerso en la preparación de una obra flamenca de carácter enciclopédico, en la que han participado otras primeras figuras de este arte, la cual confía -según sus propias palabras- que vea la luz dentro de un año, aproximadamente.

Manuel Muñoz Alcón, Manolo Sanlúcar para el flamenco, nació en la localidad gaditana que le da nombre en 1943 y es uno de los grandes de la guitarra flamenca. En su dilatada trayectoria, ha acompañado, entre otros, a Pepe Marchena, La Paquera de Jerez y Pepe Pinto y ha grabado veintidós discos, entre los que destaca Tauromagia, considerado por muchos como el mejor disco de guitarra flamenca de la historia. Ha compuesto, asimismo, varias obras sinfónicas para guitarra y orquesta, como la citada Medea. La rumba Caballo negro, incluida en su disco ‘Sanlúcar’ (1974) le proporcionó un salto de popularidad que le abrió las listas de éxitos radiofónicos y, por ende, los grandes escenarios.