Manuel Liñán, de ‘Nómada’ a profeta en su tierra

‘Nómada’. Festival de Música y Danza de Granada. Dirección, coreografía y baile: Manuel Liñán. Música : Víctor Márquez “El Tomate” y Francisco Vinuesa. Baile: Anabel Moreno, Águeda Saavedra, Inmaculada Aranda, Adrián Santana, Jonatan Miró y Manuel Liñán.
Cante : Miguel Ortega, Miguel Lavi y David Carpio. Guitarra : Víctor Márquez “El Tomate” y Francisco Vinuesa. Lugar: Teatro Isabel la Católica de Granada. Aforo: Lleno (450 localidades).

Manolo Liñán es un nómada de paso por su Granada natal, bailaor puro y al mismo tiempo innovador, que aúna tradición y vanguardia en un baile que no es ni masculino ni femenino, sino reversible, como bien titula en otro de sus espectáculos.

Comienza la propuesta con una caña en la que tres bailaoras y tres bailaores recorren el escenario con un deambular de sillas que se mueven por el escenario como si tuvieran vida propia. Liñán fue, en este palo, uno más del cuerpo de baile, muy bien arropado por tres espléndidos cantaores y dos virtuosos guitarristas.

Es en la seguiriya donde levanta los primeros signos de admiración del público. Vertiginosos taconeos, limpios y acompasados, se alternan con giros en los que nebulosas de agua o sudor (vaya usted a saber) se desprenden de su cabellera.

Con el tanguillo se rememora la gracia de Cádiz. Trabalenguas y lenguaje no verbal con abanicos adornan una puesta en escena no exenta de sensualidad y picardía por las bellas bailarinas.

El granadino se atreve a bailar una rondeña de concierto. Aquella que fuera concebida por Don Ramon Montoya sólo para ser escuchada es coreografiada con mucha sutileza y respeto, esbozando unos suaves taconeos que realzan la belleza de las melodías.

Fandangos de Huelva, alegrías de Córdoba y taranto con sabor a granaína representan otros tantos lugares por donde transita el grupo de nómadas.

Es con los caracoles con los que Liñán pone punto y final al espectáculo dando toda una clase magistral de baile, con bata de cola y mantón, y muestra su faceta más reversible.

A mi lado Marichú, quien fuera la primera profesora de baile de este talento del flamenco, aplaudía con fuerza, puesta en pie, como todos los presentes, al grito de ¡ole ese arte y esa fuerza! Tanto insistió el público con sus aplausos que los artistas se vieron obligados a deleitarnos con un mandaíto por bulerías.

Manuel pasó de nómada a profeta en su tierra, en lo que fue un éxito sin paliativos. Yo que lo vi desde que era solo un niño, no me queda nada más que felicitarle por haber llegado, con tanto trabajo, talento y tesón, a lo más alto del Olimpo del baile flamenco. Ole Manuel Liñán.

Etiquetas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *