Juan Pinilla, didáctico, profundo y entregado

Ciclo de ‘Música en los Monumentos de Granada’. Cante: Juan Pinilla. Guitarra: David Caro. Lugar: Museo de Bellas Artes de Granada. Día: Domingo, 18 de noviembre de 2018. Aforo: Lleno.

Organizado por la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, en el Ciclo de ‘Música en los Monumentos de Granada’, el domingo pasado tuvo lugar, en el Museo de Bellas Artes, en plena Alhambra, un recital de flamenco con Juan Pinilla al cante y David Caro a la guitarra. El aforo, que no superó las ochenta personas, por lo limitado de la sala, tiñó la actuación de un ambiente de intimidad y cercanía poco habitual. Fueron unos privilegiados por disfrutar de buen flamenco en un entorno arquitectónico y pictórico únicos.

Empezó Juan Pinilla por seguiriyas, con letra de Paco Umbral, con un fragmento de ‘Mortal y Rosa’, para adentrarse con unas alegrías (de Almería) en tono de Do mayor. Eran poco más de las doce del mediodía y Pinilla dio tres lecciones magistrales, cantando como si fuera de noche. La primera lección fue un tributo a los trabajadores: A los del campo, con cantes de trilla; a los herreros, con cantes por tonás; a los pescadores, con cantes abandolaos de Málaga; cantes de Levante para los mineros y bulerías para el gremio de los albañiles.

La segunda lección fue sobre el Concurso de Cante Flamenco de 1922, con un recorrido por las figuras de Manolo Caracol por zambra, siguiriya de Manuel Torre (Eran dos días señalaítos de Santiago y Santa Ana), Antonio Chacón por granaína (Del convento las campanas), El Tenazas por rondeñas (y aunque me voy, no me voy), Frasquito Yerbabuena por fandangos y Niña de los Peines por petenera.

La tercera y última lección fue un repertorio por fandangos con Porrina de Badajoz como eje central.

Cuando parecía haber concluido todo, Pinilla tomó asiento y se despidió por bulerías como mandan los cánones, con final por copla.

En todo momento, Pinilla estuvo certeramente acompañado por un excelente David Caro a la guitarra. Caro es un guitarrista que domina muy bien el ritmo, con un trémolo más que sobresaliente por su limpieza y precisión. Y el cantaor granadino, siempre didáctico, siempre profundo, siempre afable, siempre entregado al público. Un placer escuchar a Juan Pinilla. Siempre.

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