José Terrón: “Si el guitarrista no puede interiormente cantar, no puede acompañar”

José Terrón

ENTREVISTA AL VETERANO GUITARRISTA DE CUEVAS DE SAN MARCOS (MÁLAGA).

Muchas personas tienen la impresión de que al flamenco se le valora más fuera de España que dentro.

Es verdad. Aquí, en Andalucía, muy pocos sectores, la parte de Cádiz, salada claridad, y Málaga cantaora, la parte de Sevilla, Lebrija, pero lo que se dice el cante jondo, eso no es tan fácil; Málaga y La Unión también. Chacón creó varias malagueñas y también se inspiró en los cantes de Levante. Ahí están los japoneses, guitarristas, bailaores, aprendiendo a bailar. Y fuera de Andalucía, en Madrid, cada noche hay flamenco, más que aquí. Hay un refrán que dice: ‘Para conocello, rozallo’. No critiques una cosa que no conoces. Es como la persona que aparenta ser un malafollá y cuando lo tratas, dices: “Me he equivocado con él”. Eso pasa también con el cante. Trátalo, escúchalo. El cante jondo necesita también un ambiente distinto al folclore. No es de grandes teatros, es para reuniones. No es música de feria. Cuando el cantaor está inspirado… Es una historia muy grande y no está al alcance de cualquiera.

La afición a la guitarra le viene de familia: Su madre cantaba, su padre tocaba la guitarra y el piano…

Mi hermano cantaba y también mi hermana cantaba muy bien. Claro, eso se trae… Cuando yo cogí la guitarra, en el 43, yo cantaba desde chico todos los cantes. A un hermano, lo cogía mi padre con dos años para que cantara en el piano. Cañizares (el guitarrista Juan Manuel Cañizares) venía conmigo a los festivales y a todos lados. Y yo le decía: “Tú ya tienes que ir solo; sabes los ejercicios, tienes el arte…” Con Ramón, hermano de Paco de Lucía, coincidí un par de veces, en Antequera y en Martín de la Jara, y me decía, tengo un hermanillo, Paco, que es estupendo. Lo vio Sabicas y se lo llevó a América. No porque Sabicas le enseñara, sino porque vio que podía sacarle y ayudarle a vivir de eso. Hay muchos guitarristas, pero no todos llegan. Para eso hay que nacer. El que tiene la soltura, se ve. La guitarra, aparte de ser un arte, es un deporte.

“Cañizares venía conmigo a todos lados y yo le decía: ‘Tú ya tienes que ir solo; sabes los ejercicios, tienes el arte…’”

Suelen decir los guitarristas que la guitarra es muy desagradecida.

No puedes dejarla, no puedes abandonarla. Y hay que tocar mucho, mucho, mucho.

Las primeras tonalidades se las enseñó su hermano antes de irse a la mili, pero su formación fue autodidacta.

Fueron sólo tres o cuatro días. Luego, se fue voluntario. Yo, de ver la Aurora (una especie de rondalla local que sale todos los sábados de octubre antes del amanecer y en la que se reza de forma cantada), veía las posiciones de las manos, cuatro o cinco acordes. Y Francisco me trajo el método de guitarra, pero todo acordes. Y yo los cantes, los cantaba todos. Aunque no pueda cantarlos, interiormente, los canto.

Cuando venían cantaores al pueblo, sobre todo en feria o días festivos, se buscaban la vida en las tabernas, pero luego venían a verlo para que les organizara actuaciones para los más adinerados.

Cantaban en los bares y luego pasaban un platillo. Ya ves tú, les echaban una gorda. Y luego venían en busca mía y les organizaba algo con quienes tenían dinero, los estraperlistas y demás. Y ganábamos cinco duros entre todos. Con cinco duros, había para varios días. Y yo no cobraba nunca. Cuando me han llamado para festivales, sí, pero no para peñas, como las de Rute, Benamejí… Si me hubiera dedicado a eso… Pero no me dedicaba.

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Entre los cantaores a los que acompañó en aquella época, destaca en su libro (‘Memoria sin sombra’) a Canalejas de Puerto Real y a Luquitas de Marchena… ¿Qué recuerdos guarda de ellos?

Eran unos cantaores tan sensibles. Canalejas era mi ídolo. Tenía un gusto para cantar y una voz muy bonita. No era una voz lírica, pero le ponía a uno el vello de punta. Luquitas me ponía el vello de punta más que el propio Marchena, que era un fenómeno, pero le daba mucho teatro. También iba a los concursos acompañando a Pepe Peregil, Fósforo de Granada, Alfredo Arrebola, que venía a verme todas las semanas desde Campillos, que estaba de profesor. Y estuve con él en muchos sitios, entre ellos Madrid, dando recitales de cante. También estuve una vez en la peña La Platería de Granada acompañando para un concurso de granaínas. El flamenco es así, los flamencos actuales han tenido mejor suerte. Entonces, estaba muy mal mirado. Aquí venían a parar todos los cantaores que venían por el pueblo, y mi padre, igual que a los cómicos, los metía en la cámara y ahí dormían todos.

En el año 60, le ofrecieron un contrato para tocar durante un verano entero en Palma de Mallorca, lo que hubiera podido ser el inicio de su profesionalización como guitarrista, pero lo rechazó.

Rafael es el que estaba en eso y se iba a Hollywood y habló conmigo, pero yo estaba recién casado. ¡Cómo iba a ir! Era imposible que me fuera. Luego, decía yo, dedicarse a la guitarra… El cante tiene su medida, hay que meterlo en compás y darle sabor. Para que el cante sea cante, tiene que ser que el vello se te levante.

Prefirió alternar su trabajo como encargado en la cooperativa del aceite con tocar la guitarra en las pruebas de selección de concursos y en muchos festivales. ¿Cómo vivió aquella época?

En festivales, en la provincias de Córdoba y de Málaga. También iba muchas veces de jurado, que me llamaban José Luque Navas y Gonzalo Rojo (ambos de la peña Juan Breva).

En el libro, aparecen fotos en las que acompaña a José Menese y a Juan Casillas. ¿Qué cantaor, de los que ha acompañado a lo largo de su trayectoria, le impresionó más o se compenetró mejor con él?

Con Menese, tienes que acoplarte bien, como con Diego Clavel. Desde que empezó Diego Clavel con los concursos en Cabra, en Lucena, en Benamejí… En todos esos sitios, iba yo y le tocaba a él y a todos los cantarores. El Chico de la Jara, que era un fenómeno. Recuerdo que cuando iba a Málaga y se enteraba que yo estaba en Málaga, iba en busca mía. Iba también a las terrazas de Málaga y me daban tres duros y el vinillo… (Risas) Yo tenía dieciocho o diecinueve años, en el 44, antes de irme a la mili. Ha habido muchos cantaores buenos, aparte de Menese, el Caracol de Málaga, Teodoro de Alameda, y de la provincia de Sevilla. Cuando había un concurso, se presentaban todos y tú tenías que tocarle al que se presentara. Pepe Peregil, tres veces, en Loja, en Priego y en Granada. Y muchas veces, cuando no podía en verano, porque tenía que estar en la fábrica de gaseosas, me mandaban los cantes y yo iba sólo a la final.

“Con Menese y Diego Clavel, tienes que acoplarte bien; con Manuel Mairena y Naranjito, no hacía falta ensayar”

De los guitarristas con los que ha compartido escenario, ¿a quién ha admirado más?

He compartido escenario con muchos, pero más de esta zona. Había un tal Pepe Martínez, de Sevilla, que tocaba con un gusto y una sensibilidad… Antonio Ranchal, amigo mío desde niño. Manolo de Huelva. También estaban Ramón Montoya, el Niño Ricardo, que tenía una rapidez… Ha habido muchos guitarristas buenos. Pedro el del Lunar, que era de Cabra. En Granada, aparte de los Habichuela, no había tantos guitarristas. También he coincidido con Manuel Mairena, Naranjito de Triana. A todos les he tocado y no hacía falta ni ensayar siquiera. El que tiene el guitarrista siempre, ensayan antes. Como me pasaba con Alfredo, que se venía aquí. Si el guitarrista no sabe interiormente cantar, no puede acompañar, imposible.

Si yo le digo Paco de Lucía…

A Paco de Lucía, de Algeciras, le decían el niño de la portuguesa. Yo traté más con su hermano Pepe, que canta y toca la guitarra. Tiene una hermana que también canta. Pepe me decía: “Yo tengo un hermanito, Paco, que tiene doce años, coge la guitarra y…” Entonces, lo cogió Sabicas y se lo llevó para ganar dinero. Ahora mismo, el número uno de la guitarra flamenca es Paco de Lucía (la entrevista es anterior a su fallecimiento). Ha evolucionado la guitarra. Le han copiado muchos. El toque de Vicente Amigo es más majestuoso. El de Paco es todo fuerza y energía. El de Amigo es melodía. Hay quien canta dando voces y el cante no es para sordos; es melodía, sensibilidad. Hay que tener un oído muy fino para la guitarra.

Si tuviera que elegir un palo del flamenco, ¿con cuál se quedaría?

Todos los palos tienen su mérito, según el que lo coja y lo sepa modular. Por un lado, están los cantes de Levante, por otro, la bulería de Jerez, las alegrías; luego, los cantes de la zona de Utrera, Lebrija y Morón. Yo estuve en Morón con Diego del Gastor. Fernanda y Bernarda de Utrera, para la soleá por bulería y la bulería, el cante gitano. Los gitanos, para sus cantes, tienen una gracia que no se la puede dar nunca un payo. Lo mismo que a un gitano es raro verlo cantar por Levante.

¿Qué diferencias aprecia entre el toque de antaño y el actual?

Eso ha variado mucho. El toque de antes era al estilo de la bandolá. Salía el cantaor cantando y ellos punteando. Iban llevándolo como bandurrias. Antes, el ritmo era como verdiales, el abandolao, y muy pocos. Luego, Chacón empezó a modular y a meterle otra majestuosidad a la guitarra, Sabicas… Y hoy la guitarra ha cambiado al 100%, ha evolucionado mucho. Andrés Segovia tocaba flamenco y luego empezó con el clásico. Montoya, Niño Ricardo, Melchor de Marchena, al que conocí muy bien. Lo conocí porque en Sevilla, en La Campana, estaba el bar El Pinto (de Pepe Pinto y La Niña de Los Peines) y allí nos juntábamos Melchor de Marchena, su hijo (Enrique de Melchor), Niño Ricardo, Manolo de Huelva…

“Hay quien canta dando voces y el cante no es para sordos; es melodía, sensibilidad”

Hay una serie de creadores del flamenco, como El Mellizo, El Planeta, etc., que, en su mayoría, eran analfabetos. ¿Cómo pudieron crear este arte, una de las expresiones musicales y vitales más profundas que ha creado el hombre?

Que fueran analfabetos no tiene que ver con la inteligencia. Se nace con ello. Sarasate, con doce años, dando conciertos. El Rayito, con doce años, tocando la guitarra. Chacón ha sido uno de los que ha modificado mucho los cantes. La guitarra no puede ser copiar. Es de intuición. Se modifica a veces para peor, porque todo tiene su medida, su ritmo, su compás. Es como Diego Carrasco, de Jerez, que tiene una voz para matarlo, pero cómo lleva el compás, son los más grandes para eso.

De alguna forma, su legado artístico tiene continuidad en la figura de su hijo, Francisco José.

Toca muy bien la guitarra, pero le pasa como a mí, que no se ha dedicado profesionalmente.

En el libro, le dedica un poema a su hermano Antonio, que le enseñó algunas tonalidades con la guitarra y que también cantaba. Un fragmento dice: “Mi guitarra triste y llena de melancolía, espera impaciente mis caricias, porque mi fiel compañera derrama sus dolores y quiere paliar la pena que, en las noches templadas, de ecos llena engarzando entre mis venas sus amores”. Guitarrista, poeta y también cantaba…

Yo cantaba bien, aunque ahora ya no puedo. No tenía voz porque me operaron de un pólipo… Estuve dos años y medio en Marruecos y teníamos un grupo con el que recorrimos casi todo el Marruecos español y el francés. También había concursos y otro guitarrista, Sebastián, me decía que por qué no me presentaba y que ya vería cómo ganaba. Y yo le decía: “Pero tú comprendes que yo, siendo guitarrista… Déjalo que lo ganen ellos”. Casi todos eran soldados españoles y, mayormente, andaluces. No tenía mucha voz, pero cantaba bien.

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En algunas ocasiones, participó en espectáculos de variedades, que había en aquella época, en los que acompañó a Antonio de Canillas.

Antonio de Canillas es amigo mío desde que empezó. Mi hermano, estando en Málaga, fue el que lo metió en el cante. Yo no podía participar mucho en estos espectáculos por mi trabajo. Aquí, al pueblo, sí venían compañías de teatro, como la compañía de Pepe Cortés, que era de teatro, pero también tenía tres cantaores y me llamaban a mí.

¿Cómo se va a poner un cantaor en una feria a cantar un cante de Levante? Eso no pega. Requiere un sitio adaptado para eso. Y luego hay quien piensa que el cante es emitir una voz fuerte y eso no es, requiere más sensibilidad. Por ejemplo, Luquitas de Marchena, que cantaba una granaína-malagueña que te ponía el vello de punta. Y también Canalejas, y Farina, que tenía una voz flamenca. Hoy nadie canta cómo él ‘Vino amargo’ o ‘Campanas de Linares’. El cante flamenco tiene un embrujo y una cosa que hay que nacer con ello.

“En la guitarra, se modifica a veces para peor, porque todo tiene su medida, su ritmo, su compás”

El arte es tan extenso en todos los aspectos, pero hay que traerlo. Y hay que dedicarse a ello, que yo no me he dedicado. Estaba la fábrica de gaseosas y no podía dejarla para dedicarme a la guitarra. Y también sabía cómo acababan los guitarristas con la bebida y las fiestas… De hecho, Pedro Córdoba pilló una vez el follón (se emborrachó) y tuve que ir yo a tocar. (Risas)

Dice en su libro que el flamenco fue un colectivo que, salvo honrosas excepciones, fue muy humillado y despreciado por la grandeza y los intelectuales de España.

Porque en aquella época, parecía que venían pidiendo. Y tenían catalogado el flamenco con los borrachos y las juergas. El propio cura le decía a mi madre que dejara eso, que era cosa de borrachos y gente así. Era muy humillante tener que pasar el platillo.

“Conocí muy bien a Melchor de Marchena, en el bar de Pepe Pinto, con su hijo, Niño Ricardo, Manolo de Huelva…”

¿Cómo ve el panorama actual del flamenco?

El panorama en Andalucía no está mal. Están los más destacados, por eso se celebran festivales y demás, pero poquitos. Luego, en Madrid, dice mi hijo Juan Manuel que viven todos del cante. En Jerez, hay un poquito más porque tienen esa gracia por bulerías, alegría, gracia y compás de Andalucía. Pero, hay un bajón muy grande, agudizado con la crisis.

¿Y en cuanto a nivel artístico?

La guitarra ha evolucionado mucho y hay muchos cantaores, que han aprendido mucho. Pero no hay cantaores de cante lírico; no pueden cantar ciertos cantes. Menese mismo. Un buen cantaor, pero no me lo saques de seguiriya, soleá, toná, mariana… Nadie lo habrá escuchado cantar una media granaína, ni una taranta, porque no tiene voz para ello.

 

 

 


Comentarios

José Terrón: “Si el guitarrista no puede interiormente cantar, no puede acompañar” — 2 comentarios

  1. Las personas con talento acompañadas siempre de mucha humildad son las mas grandes…mi respeto y cariño para Don José Terrón.

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