Emocionado homenaje de Pasión Vega a Carlos Cano

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Voz: Pasión Vega. Dirección musical, piano, flauta travesera y clarinete: Josué Santos. Guitarra portuguesa, acordeón y flauta: Raúl Márquez. Violín: Roberto Jabonero y Delfín. Viola: Jaime Huertas. Chelo: Pere Caldés. Guitarra española: Josete Ordóñez. Contrabajo: José Vera. Batería: Mario Carrión. Lugar: Palacio de la Paz de Fuengirola (Málaga). Día: Domingo, 11 de octubre de 2015. Aforo: Lleno.

Carlos Cano y Pasión Vega son dos caballos ganadores. Por tanto, el éxito del espectáculo diseñado por la malagueña para homenajear al granadino (recogido en su último disco, ‘Pasión por Cano’) estaba asegurado. Agotó el papel, recientemente, en el malagueño teatro Cervantes e hizo lo propio en el Palacio de la Paz de Fuengirola. Emotivo y sentido tributo que tiene cabida en estas páginas flamencas dada la relevancia de ambas figuras de la copla y la canción popular.

Ambos artistas tienen algo en común, su gran sensibilidad. Prodigio de afinación y modulación, Pasión Vega posee una voz privilegiada, que exhibe con naturalidad y simpatía. Carlos Cano era un letrista y compositor mayúsculo. Con estos mimbres, el corolario no podía ser otro que un cesto perfecto.

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Vega recrea el universo de Cano en una cuidada y elegante puesta en escena, al tiempo que se oye la voz del granadino y se refleja su figura en un mantón de Manila. La malagueña le lanza un beso al cielo. Así arranca el recital, en el que se pueden escuchar los temas más populares de Cano, como María La Portuguesa, Habaneras de Cádiz o Alacena de las monjas, pero también otras composiciones menos conocidas.

Destaca Vega el tema que el granadino le dedicó a Miguel de Molina, Dormido entre rosas, “la letra más bella que se le ha escrito a mi querido paisano”, asevera en el texto promocional. Y la canción con la que evocaba a la gran Billie Holiday, La reina del blues, que la madre de la cantante, según propia confesión, entonaba mientras preparaba la comida.

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Con pequeñas cosas, el granadino pergeñaba historias universales; supo elevar como nadie lo popular a la categoría de arte. Y también quiso reivindicar la vigencia de un género que, durante mucho tiempo, se asoció erróneamente al Franquismo, la copla. En esta línea, Vega interpretó La bien pagá y, ya en los bises, Ojos verdes, con exquisito gusto y profundidad.

También hubo lugar para su compositor fetiche, Antonio Martínez Ares, del que cantó María se bebe las calles y Soy del sur, único tema inédito del disco, compuesto ex profeso como homenaje al granadino. “Nació en Nueva York, provincia de Graná”, reza la letra, en referencia a la operación a vida o muerte que se le practicó en la ciudad de los rascacielos.


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