El Festival Ciudad de Málaga deparó a cuatro artistas en plenitud

Segunda velada del XXXIX Festival Flamenco Ciudad de Málaga. Cante: Samuel Serrano, Antonia Contreras y Argentina. Guitarra: Paco León, Juan Ramón Caro y José Quevedo Bolita. Palmas: Edu Gómez, Manuel Vinaza y Los Mellis. Baile: Antonio El Pipa y su cuadro (Cante: Morenito de Íllora, Gema Cantarota, Carmen Cantarota, Guitarra: Javier Ibáñez y Juan José Soto. Lugar: Calle Alcazabilla (Málaga). Día: Sábado, 30 de junio de 2018. Aforo: Lleno.

La segunda velada del XXXIX Festival Flamenco Ciudad de Málaga deparó a cuatro artistas en plenitud, que brindaron al respetable, que abarrotaba los mil asientos dispuestos en calle Alcazabilla, un espectáculo compacto y sin fisuras.

Abrió el fuego Samuel Serrano, joven cantaor revelación que vive un momento dulce, por soleá. Prosiguió por tangos y seguiriyas, entre los oles del público, enardecido con su voz añeja. Dijo adiós por bulerías con la guitarra solvente de Paco León y el compás de Manuel Vinaza y Edu Gómez.

Turno para Antonia Contreras, que está cantando mejor que nunca; se aprecia su madurez como artista, con la guirarra excelsa de Juan Ramón Caro, su pareja artística y vital.. Principió por guajiras. “Disculpen que vuelva la cara, pero este enclave (se podía ver la Alcazaba iluminada) es único y me siento una privilegiada cantando en Málaga y a Málaga”, comentó la aloreña, Lámpara Minera en 2016, que debutaba en dicho festival.

Continuó con abandolaos, que curiosamente (como hace en su disco ‘La voz vivida’) precedieron a la malagueña. Interpretó una soleá con enjundia, unas cantiñas dedicadas a su Álora natal y a Málaga y unos fandangos valientes y muy sentidos. Dijo adiós por seguiriyas, profundísimas, y bulerías.

Argentina, recién llegada de Miami y muy bien secundada por la sonanta maestra de Bolita y esa máquina de generar compás que atiende por Los Mellis, comenzó por bulerías, plenas de sabor, con el jerezano sobresaliente y los onubenses, un seguro de vida. Interpretó la mariana, cante en desuso que rescata para la ocasión y que solía reivindicar Menese, y lo enlaza con los tangos de la Repompa y los cantes del Piyayo, en claro guiño a la tierra que pisaba.

Pellizcó en la bulería por soleá, prosiguió  con la malagueña de la Peñaranda y abandolaos y le puso los vellos de punta al más pintado en las seguiriyas. Y alcanzó su punto álgido en los cuplés por bulerías, con el Romance de la  Reina Mercedes, evocando a Bernarda de Utrera. Se despidió, como no podía ser de otra manera, por Huelva. Apoteósica.

La guinda la puso Antonio El Pipa, estandarte de la pureza y la autenticidad en el baile con denominación de origen Jerez, pero con suma personalidad. El de Santiago bailó por alegrías y. en un dúo muy emotivo con Morenito de Íllora al cante, por soleá.

 

 

 

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