Las siete razones del éxito de Miguel Poveda

Foto web Miguel Poveda

XLVI Festival Flamenco de Ceuta. Cante: Miguel Poveda. Guitarra: Jesús Guerrero. Palmas y coros: Carlos Grilo, Diego Montoya y El Londro. Percusión: Paquito González. Lugar: Patio de Armas de las Murallas Reales de Ceuta. Día: Sábado, 15 de julio de 2017. Aforo: Lleno.

El pasado 15 de julio, nos deleitó Ceuta con la figura de Miguel Poveda y su equipo, en la más pura vertiente flamenca del artista, dejando a un lado la gira de su actual espectáculo para volcarse de lleno con nuestro arte. Un lleno absoluto con cerca de 800 entradas vendidas en el Patio de Armas de las Murallas Reales. El Festival comenzó la noche anterior con la presencia de Rancapino Chico, Pedro el Granaino, Esperanza Fernández y Edu Leal, para rematar el pasado viernes, 21 de Julio, con la actuación de Pasión Vega y Noa.

Miguel Poveda no falla, y no lo hace porque consigue controlar todas las variables que pueden llevar al traste cualquier actuación.

En primer lugar, tiene unas condiciones naturales que ha ido labrando a lo largo de todos estos años, que lo hacen ser un artista de la música. Es un gran cantaor, sin lugar a dudas.

En segundo lugar, tiene un estilo moderno y juvenil que lo acerca a un púbico más joven; a la par que mantiene al público de más edad por la recuperación e interpretación  de cantes que marcaron época en sus tiempos de juventud

En tercer lugar, porque sin duda alguna es un profesional que busca el perfeccionamiento en cantes que a la vez que gustarle, son del agrado del público.

En un cuarto lugar, es un amante del compás, y eso está al alza en el flamenco actual.

En quinto lugar, Miguel Poveda no es sólo un artista del cante, es una persona que sabe y disfruta acercándose a la gente con detalles sentimentales; lo que le permite llegar al corazón del oyente. Su labia llana y cercana, su baile sensual del flamenco antiguo de los desaparecidos patios trianeros, su compás, su química con el público y su equipo. Su personalidad en el fondo, que lo hace elevarse de la figura de cantaor a la categoría completa de artista.

En sexto lugar, no deja al azar variables que pueden hundir a la mejor actuación. Esto es, el equipo de sonido y sus profesionales, son los suyos de siempre. Esto le permite dar la sensación de estar escuchando su espectáculo como si en un salón privado nos lo estuviese haciendo a título particular. Ayer noche, en las murallas de Ceuta, un lugar abierto y con bares de copas funcionando a la par, el sonido era profundo y limpio, majestuoso y mortal para los sentidos.

Igualmente son sus guitarristas los que le acompañan y no le fallan, en este caso, un Jesús Guerrero cómplice del artista, con una pulsación limpia y perfecta, lejos del chasquido antiguo de la guitarra flamenca y más profesional que nunca. Y es que la guitarra flamenca sigue desarrollándose a unos niveles nunca vistos, donde la formación de noches de tablaos, saraos y tabancos ya no basta para estar al nivel de la guitarra actual. Horas de estudio en la soledad del guitarrista, técnica, alumnos de grandes maestros y en muchos casos la formación musical de conservatorio, son necesarias para poder estar en la primera división de nuestro arte.

Percusionistas, palmeros, jaleadores… En definitiva, su propio equipo, sin dejar que el organizador local le disponga otros profesionales que de buen seguro son buenos, pero que no han sufrido de las cientos de veces que hay que practicar una obra para que se asegure la perfección de la misma, y no dependa de si el duende llega o no esa noche.

Por último, en séptimo lugar, se entrega en tiempo y alma al público que siempre quiere más y que desea amortizar el encuentro con el artista; y éste es capaz de saciarlo hasta ese arte de no llegar al empacho y conseguir que deseemos al salir del foro, un siguiente encuentro.

Por todo esto, por estos siete puntos, Miguel Poveda garantiza el éxito de cualquier velada y, una vez más, lo consiguió en la ciudad de Ceuta. Enhorabuena, Miguel.

Paco Montalvo, virtuoso del violín con alma flamenca

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Violín: Paco Montalvo. Guitarra: Jesús Gómez. Percusión: Miguel Santiago. Bajo: Paquito Record JR. Palmas: Richard Gutiérrez y Ángel Reyes. Baile: Marta Guillén. Lugar: Auditorio del Parque de Atracciones Tívoli de Benalmádena (Málaga). Día: Sábado, 15 de julio de 2017. Aforo: Casi lleno.

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Habíamos visto el violín en un interesante, pero discreto, segundo plano en el flamenco, aportándole su riqueza musical a éste, pero Paco Montalvo, un virtuoso del instrumento con alma flamenca, le ha otorgado el papel protagonista, como pudimos comprobar en el exitoso recital que ofreció el pasado sábado en el Tívoli.

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El músico cordobés, un feliz descubrimiento, acudió a la cita muy bien respaldado por guitarra, bajo, percusión, palmas y el baile, ajustado a sus requerimientos, de Marta Guillén.

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Fue intercalando con sapiencia palos puramente flamencos (tangos, la rumba Río ancho, de Paco de Lucía, guajira…) con otros temas muy conocidos pasados por su flamenquísimo tamiz. Compuso bellas estampas con la bailaora Marta Guillén en las guajiras, las alegrías, El vito y las bulerías, un goce para los sentidos (resulta visualmente muy novedoso y atractivo que una bailaora baile al son de un violín, con el sostén de la guitarra, eso sí). Además, no se alarga innecesariamente, va muy medido, dejando al respetable con ganas de más.

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Hizo un guiño a sus paisanos con El vito (“canción popular cordobesa que le cantaba su abuela”), estuvo espectacular en La Tarara y dijo adiós por bulerías, con Marta Guillén, excelsa, con mantón y precioso vestido negro. Recibió una gran ovación de un público entregado.

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Ya en los bises, My way, de Sinatra, y Lágrimas negras, clásico inmarcesible que inmortalizaron El Cigala y Bebo Valdés. Portentoso. Poco más de una hora que se pasó en un suspiro. En la despedida, Entre dos aguas, del genio de Algeciras, transmutada por momentos en su violín. Apoteósico.

Fotos: www.cursoseducate.com